Manuel Juan Somoza/La Habana
Me envió un mensaje de voz interesada por mi salud, inmediatamente después de la victoria de Donald Trump, y lo hizo con euforia. “¡Ganó mi presidente!”, exclamó de arrancada y guardé silencio.
Acusé recibo y me mantuve callado sobre el aspecto político de su mensaje, porque por mucho que la victoria sea para Cuba pésimo presagio, por el magnate votó la mayoría de los estadounidenses que todavía creen en esos comicios.
Días después llegó otra mala nueva, mientras un nuevo huracán se forma en mares al sur de la isla, sin que se pueda anticipar su rumbo definitivo: el senador Marco Rubio podría ser el próximo secretario de Estado.
Durante al anterior gobierno republicano, el binomio Trump-Rubio fue el artífice del endurecimiento sin precedentes de la guerra no declarada que mantiene Washington contra Cuba desde hace más de 60 años.
Especie de toque a degüello, que la administración demócrata de Joe Biden mantuvo prácticamente sin cambios. Da la impresión que en el Norte suponen, una vez más, que llegó la hora de pasar la cuenta.
Evaluación de inteligencia
Visto desde la perspectiva de los servicios especiales de allá, las condiciones se pintan propicias para un golpe definitivo.
En 1961, lo intentaron por Bahía de Cochinos (Playa Girón) y la esperanza duró menos de 72 horas. En Miami, se hicieron las maletas para el regreso triunfal durante la crisis de los 90 y tampoco ocurrió lo que esperaban.
Hoy, sin embargo, son otras las circunstancias extremas.
Hay una nueva dirigencia que no convence a muchos y desde la eliminación de la COVID 19 con vacunas propias, crece el desencanto por la falta de resultados positivos de las reformas económicas en curso y el país no ha sanado las heridas hechas por dos huracanes y un terremoto en octubre y noviembre.
Vaticinio
¿Qué ocurrirá a partir de enero, cuando Trump asuma el mando ?. ¿Pesará el asunto cubano más que el de Ucrania?. No lo creo, pero sospecho que se acercará para los de esta acera otro momento de definiciones.
“¡A ponerse el casco!” de guerra, solía exclamar el reconocido cronista Ángel Tomás González en tiempo críticos, evocando las movilizaciones militares que vivió este país en los años 60 y 70 del siglo pasado.
Hasta ahora, no obstante, el ahogo en el que se subsiste no ha desatado la revuelta interna por la que apuestan en Washington para poner en marcha una “intervención humanitaria”
Hubo sorprendente calma social -apenas rota por unos pocos que fueron detenidos- durante al apagón total por la caída del sistema electro-energético en octubre, cuando casi al unísono un huracán golpeó al oriente, y después, en noviembre, un terremoto sacudió el este y otro ciclón cortó la electricidad y el agua potable en occidente.
Seis días en tinieblas en La Habana, en tanto la cuenta ha sido mayor en la provincia de Artemisa.
No sé si en 2025 habrá que ponerse el casco. La vida nos dirá.


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