Aventuras y desventuras en un cajero mambí

Por Carlos Batista/ La Habana

Llegué a las 8 am, una hora antes de su apertura, pues en Cuba a los cajeros públicos los “alimentan” a las 9, cuando abre el Banco. Antes, sencillamente, no tienen billetes para dispensar. Fui como el 50 en la cola.

Tener efectivo en Cuba es un problema y muchos negocios privados, que son los más eficientes y surtidos, no te aceptan transferencia electrónica. Tampoco he logrado restablecer mi transfermóvil, tres días después de comprar otra línea telefónica.

Las largas, lentas, y desesperantes colas de los cajeros en Cuba, visto desde la actual filosofía de la subsistencia de la gente, devinieron lugar de citas de amigos con conversación pendiente y hasta de parejas en “proceso” de ligue.

De 8 a 9 me dediqué como la mayoría, a registrar mi teléfono móvil o a analizar la gente, con ojo reporteril de aventura.

Como el ilustre mambí Ramón Roa, abuelo del canciller de la Dignidad, Raúl Roa, la vida también me deparaba desventuras.

De cinco cajeros de mi barrio, solo uno dispensó dinero, los otros cuatro decían “en mantenimiento”. Comenzó a dispensar billetes de 1000 pesos, pero pronto se acabaron, y servía solo de 50. Cuando ya unas 15 personas había sacado su dinero….se acabó el dinero.

Hubo que esperar que “alimentaran” el cajero, que ahora expedía solo billetes de 20 pesos, cuando, muchos clientes necesitaban extraer varios miles, pues, con los precios actuales, hay que andar con un fajo de billetes si usted quiere comprar algo, no mucho, solo algo.

Volvió a restablecerse la dinámica y a las 10.15 am… pero se fue la corriente eléctrica, apagón hasta las 14.00. Así terminó la aventura por ahora, pues mi desventura sigue. Regresé a las 14.00 y era otra cola, tremenda. Desistí, llegué a la casa, escribí está crónica hasta que se volvió a ir la luz, y después que regresó, se cayó internet. Así que usted la leerá fría, cuando regrese la señal.

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