Por: Dailianys Barrios /Montevideo/Miami
Hace varios años, específicamente desde que cada uno de mis amigos comenzó a dispersarse por el mapa de Estados Unidos, universidades por aquí y ofertas trabajos por allá, dejándonos amarrados al Facetime y los audios de cinco minutos, nos hemos empeñado en alinear planetas y desde tres extremos del país seguir creando puntos de reencuentro, al menos una vez al año.
Esta vez nueve vuelos, cuatro aeropuertos, dos Airbnbs y muchos taxistas, para llegar al fin del mundo.
Cuando se propuso, Buenos Aires fue un sí rotundo e inmediato. Llevábamos tiempo queriendo conocer el Sur y Borges y el asado son todo lo que uno puede pedirle a la vida, ¡dicho y comprobado! Pero cómo terminamos añadiendo a Uruguay al itinerario, siendo un país relativamente poco turístico, bastante caro en comparación a sus vecinos, y en sus meses de peor invierno, fue una cuestión de pura coincidencia y estrategia, o eso pensamos.
Sorprendentemente, nos dimos cuenta de que volar por Montevideo, hospedaje incluido, era la opción económicamente más sensata. Segundo, uno de mis amigos nos habló de un primo suyo que vivía allá y hacía mucho no veía , al mismo tiempo que mi novio pensó en unos amigos que se habían mudado hacía poco y aprovecharía para saludar.
Hubiera sido una casualidad que de pronto varios cubanos en Miami, de diferentes provincias de la isla, tuvieran familiares y conocidos en aquel pequeño y poco frecuentado (al menos por los cubanos) pedazo de tierra .

Pero la ola masiva de cubanos que han emigrado a Uruguay en los últimos años, no es una casualidad. Según los datos preliminares del Censo de 2023, en Uruguay hay cerca de 62.000 personas nacidas en el exterior, de las cuales 12.400 son cubanas.
Montevideo
Amanecemos en la ciudad de Galeano, hay un frío para el cual no estamos hechos. Nos recibe el primo cubano con su novia y buscamos refugio en el Café Brasilero.
En este país se come muy bien, nos dicen, y vamos entrando en el calor de ese intercambio tan habitual entre forasteros de comparar lo de adentro con lo de afuera. El efficiency con el monoambiente, el ómnibus con la motorina, esos intentos de sobrevivir que se repiten para el que empieza desde cero en cualquier parte.
Además nosotros, no importa donde vivamos, somos de Miami, y por lo tanto un punto de referencia para ellos, migrantes cubanos y cubanos al fin, a esa frontera con la cercanía.
Recorremos la Ciudad Vieja lo que el cuerpo puede aguantar, mientras ellos nos cuentan cómo se han adaptado al amargor del mate, aunque todavía no saben cebar.
Cada vez son más los cubanos en Montevideo, nos dice el primo que emigró hace cinco años por un contrato de trabajo y nos presenta a otros amigos, con los que se reúnen los fines de semanas en un bar del centro que les recuerda las madrugadas metaleras de Santa Clara.

Sin embargo dentro de los mismos cubanos hay situaciones muy diferentes, dependiendo de cómo ingresen al país. Ya sea con una visa que les permite alcanzar una residencia bastante rápido e incluso reclamar a sus familiares o cruzando por Brasil, la opción más barata ( mucho menos que una travesía a EE.UU.) y rápida y la que ha dejado a una gran parte de la comunidad cubana en un limbo legal.
Unos lo ven como una economía estable donde homologar sus títulos profesionales mientras que para otros es un destino intermedio, para reunir dinero y seguir a EE.UU. Aunque una vez llegados a Uruguay, se encuentran con el país más caro de todo América Latina y con un costo de vida comparado a cualquier país de Europa, los cubanos siguen buscando la suerte en ese paisito. Al fin de cuentas, es muy fácil ofrecerle todo a quien no tiene nada.
Nuestra primera noche en la ciudad terminó con mucho Havana Club y tertulia, cuando supimos que la novia del primo, quien nos contaba sus anécdotas de camarera en Montevideo, era una manifestante de las protestas del 11J que aún anda buscando una respuesta que la ayude a encontrar su acera.


Deja un comentario