Manuel Juan Somoza/La Habana
Me visitó en casa recién llegada a Cuba en misión diplomática. Hablamos del país, de Vargas Llosa y García Márquez, almorzamos juntos en un restaurante al borde de la mar y a partir de ahí tuvimos una relación en apariencia fluida.
Quizá por ello estuve entre los colegas invitados a los seminarios que organizaba entonces la Sección de Intereses de EU en Cuba para explicar a líderes de la llamada “disidencia pacífica” cómo organizar la vida política, económica y social cuando cayera “el régimen de Castro”.
Volví a saber de ella años después, al ser acusada de agente CIA y expulsada de Caracas por participar presuntamente en uno de los intentos de golpe contra el gobierno chavista desde su posición de Encargada de Negocios de la embajada estadounidense en Venezuela.
En La Habana, se encargaba de los contrarios al gobierno y de la prensa extranjera acreditada.
Narro por primera vez algunos de mis recuerdos de Kelly Keiderling, porque tengo la impresión de que Cuba está llegando a un límite delicado y determinante en medio del ahogo impuesto desde el Norte y la incapacidad de diseñar y sobre todo aplicar aquí respuestas convincentes.
La respeté y respeto por defender a cualquier precio su concepción del mundo, aunque sea diametralmente opuesta a la mía. En definitiva, la verdad de los imperios siempre ha considerado la inmensidad del planeta como su zona exclusiva de actuación.
La otra cara de la moneda cubana

Sin saberlo, ella y una compatriota suya que ha cargado más de 20 años de prisión por comprometerse en la defensa de Cuba, me llevaron a trabajar en un nuevo proyecto literario.
El propósito: exponer el enfrentamiento decisivo, disimulado y al parecer infinito entre los servicios de inteligencia de los dos países.
Documentos desclasificados han permitido conocer que tan temprano como diciembre de 1959, solo 11 meses después del triunfo de la revolución, la CIA ya contaba con luz verde para organizar la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos).
Avanzo lentamente en el proyecto por las colas, los apagones, los achaques, las dudas y los muchos sufrimientos que encierran cada hora de la crisis.
Sin embargo, lo hago a fin de llamar la atención. Al juzgar a Cuba desde dentro y desde fuera habría que tomar en cuenta también esa cara de la moneda, que casi nunca está al alcance de la vista, pese a que el peso de su existencia es abrumador.
Un congreso en Mazorra
Aquellos tiempos en los que conocí a esta diplomática singular, difieren de los actuales en la forma. No obstante, la esencia es la misma.
“¡Abajo Fidel!”, “¡Viva Bush!”. Con esos gritos se puso en marcha un revelador congreso opositor organizado por Kelly en una finca situada en los alrededores del hospital psiquiátrico Mazorra, zona oeste de La Habana.
Había comenzado la invasión a Irak y los contarios le pedían al presidente George W. Bush que después siguiera con Cuba.


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