Manuel Juan Somoza/La Habana
Ocurre en cualquier parte, Cuba no es ajena y lo reafirmé recientemente en una de esas conversaciones en la intimidad de los amigos, cuando las contradicciones y el rumbo del país se impusieron como tema.
Hablábamos de las medidas en curso para reanimar la economía en crisis y comenté: “A mí me parece que esta gente no sabe lo que hace”.
“Ellos sí saben lo que hacen y lo que quieren, notros somos lo que no sabemos”, respondió ella y como si de un latigazo se me abrieran las entendedera se presentaron las dimensiones del acontecer nacional. “Las muchas Cuba”, a las que le cantara el popular dúo Buena Fe.
Deshielo anticipado
Corría el mes de septiembre de 2014 y en otro intercambio, centrado en las relaciones Cuba-Estados Unidos, alguien hizo el siguiente comentario.
“Las relaciones se van a resolver en diciembre y regresarán los agentes que nos quedan presos allá”, afirmó un desconocido sin darle importancia a lo que decía y guardé silencio hasta que al quedar solo con mi amigo pregunté quién era el visionario o charlatán.
En respuesta supe que formaba parte de otra dimensión, figuraba en el primer círculo de poder entonces.
Por aquellos días, a nivel de calle nadie suponía lo que negociaban los dos gobiernos, la prensa oficial mantenía su rutina propagandística y los corresponsales de prensa extranjera aquí solo habíamos detectado una disminución de la ríspida retórica de Washington hacia La Habana.
Lo intenté por oficio, pero punca pude confirmar el vaticinio y tres meses después, con precisión de relojería suiza, un diciembre sorpresivo comenzó el llamado deshielo Cuba-EU y regresaron a la isla los miembros de la Red Avispa que quedaban presos en el Norte.
Los riesgos de las dos dimensiones
Parece obvio que en medio de una guerra como la que se le hace a este país desde hace 65 años, los que mandan en esta acera se guarden muchas más cartas de las que dejan ver los políticos en tiempos convencionales.
Once meses después del triunfo de la revolución en 1959, la CIA ya tenía luz verde para organizar la invasión por Playa Girón (Bahía de Cochinos) de 1961 y desde entonces la confrontación, silenciosa a veces, explosiva otras, no ha conocido descanso.
De ahí que en una dimensión están lo que deciden, evitando que los enemigos sepan y de paso que tampoco sepan demasiado los demás, y en otra quienes cumplen, creen, disfrutan o sobreviven.
¿Qué hay de nuevo en la investigación del ex ministro de Economía Alejandro Gil?; ¿cuándo suponen los que mandan que se verá al menos la luz al final del túnel?; ¿hasta dónde llega la corrupción en el andamiaje de mando del país?; ¿tendrán los pensionados la jubilación que se merecen?
El movimiento en dos dimensiones tiene sus riesgos. Si deviene difuso el ideario que unió las partes tiempo atrás en mayoría, aunque la consiga de continuidad sea repetida hasta el aburrimiento, lo que comenzó como generalizada práctica de bienestar social, puede transformarse en pesadilla.


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