Septiembre, foto del verano tardío

Cerámica de Nacho Porto

Por Félix López/Andalucía

El mundo no quiere mirarse al espejo en otoño. Le da miedo. En gaza no escampan los bombardeos. Los niños y sus padres son empujados sin ganas a la ruleta de la muerte. En el norte de África más de 700 niños cruzan a nado hasta Ceuta. La cifra es el promedio diario. En Canarias ya no caben emigrantes. La regata de cayucos no cesa, mientras los políticos europeos juegan al monopolio en los Congresos. Los más corruptos no quieren a los más musulmanes. La prensa dice que la invasión africana está en marcha. La prensa no dice cuánto petróleo, diamantes, oro y coltán se llevan del continente negro las transnacionales europeas cada 24 horas. Los partidos de extrema derecha acusan a los migrantes de robar, violar y ocupar casas y empleos y servicios de salud que no les pertenecen. Claman por expulsiones en caliente, pero no ofrecen ni una sola solución.

El Parlamento Europeo está ocupadísimo con la situación en Venezuela. Viran la cara para no reconocer su fracaso en Ucrania. Su fracaso con la migración africana. Su fracaso para evitar el decrecimiento económico. Su fracaso para solucionar la crisis energética, la crisis de la inflación, la crisis del desempleo y la crisis política que ha puesto a partidos fascistas en la cresta de la ola. Lula lo entiende desde Brasil y quiere auxiliar al Parlamento Europeo. Le dice a Nicolás Maduro que él tampoco lo reconoce. Pero se niega a llamarlo dictador. Por el momento admite que es «un desagradable» y tiene «un sesgo autoritario». Daniel Ortega no lo entiende desde Nicaragua y corre a auxiliar a su aliado Nicolás. «No seas arrastrado», le dice a Lula. Gustavo Petro no lo entiende desde Colombia y corre a responderle al comandante sandinista: «Al menos no arrastro los derechos humanos del pueblo de mi país y menos los de mis compañeros de armas y de lucha contra las dictaduras». En La Habana aparece el presidente Díaz Canel con su brazo derecho en cabestrillo, dice que por una molestia, aunque muchos creen que ha pasado horas escribiendo a Nicolás, a Lula, a Petro, a Daniel…, para que dejen de hacer el ridículo. Elon Musk goza con el aquelarre de la izquierda a través de su plataforma X. Nicolás lo enfrenta y lo convierte en su enemigo. Lula lo censura. Lejos, como un eco ahogado, se escucha a Josep Borrell: «¿Dónde están las actas?». Y al cadáver de Luis Almagro: «¿Dónde están las actas?». Y a Lula: «¿Dónde están las actas?». Y a María Corina Machado: «¿Dónde están las actas?»… Ya ninguno recuerda que María Corina apareció en la política venezolana de la mano del fraude, de la traición y la violencia. En época de tanto feminismo más vale satanizar a Nicolás. Y el colabora. Con lo sencillo que es mostrar las actas.

Nos han jodido el verano y no nos enteramos. Estamos tan entretenidos con el juicio y la sentencia al chef carnicero de Tailandia que no escuchamos los bombardeos en gaza, los gritos de los que se ahogan en el Mediterráneo o los que llenan plazas en países de acogida para preguntar: «¿Dónde están las actas?»… Hasta la playa se ha vuelto insoportable. Hay viento de levante y marejadas. Para colmo ha llegado de África una nube densa y amarillenta de calima. Es el karma, dice un marroquí a una periodista que despide el verano en la Costa del Sol sin sol. Septiembre está nublado. El mundo no quiere mirarse al espejo. ¿Le da miedo? Los políticos se preparan para volver al teatro de los Congresos. Y los comentaristas deportivos se empeñan en hacernos creer que es posible hacer más con menos. El Barça, dicen, lleva cuatro victorias consecutivas sin apenas invertir en el mercado de jugadores. Y otro le responde: «Si el fútbol va bien, el mundo también».

(Tomado del Facebook del autor)

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