Manuel Juan Somoza/La Habana
Cuando reencontré a mis padres en Miami, 40 años después de despedirlos en La Habana, mi viejo hizo un comentario enigmático mientras hablábamos de la eventualidad de que ellos viajaran a la isla a conocer a nietos y bisnietos.
“Tanto nadar para morir en la orilla”, dijo como en un susurro melancólico y supuse entonces que ello se debía a su negativa durante casi media vida a regresar, aunque fuera brevemente, a la tierra en que nacimos todos.
Al final nunca lo hizo, pertenecieron mis padres a ese sector de cubanos a quienes la revolución le arrebató sus paradigmas para dar paso a otros de mayor alcance social. Algo imposible de admitir por ellos.
Y aquí estoy yo ahora, enredado con ese razonar del viejo, militante republicano en cada elección presidencial que siguió a su partida, cuando finalmente el octogenario Joe Biden terminó por ceder o por situarse en espacio y tiempo.
Ni idea tengo de lo que podrá ocurrir en los próximos comicios en Estados Unidos, de cuyos resultados está pendiente cada cubano de este lado de la acera.
Solo sé que lamentablemente aquí no ha habido preparación alguna para enfrentar una hecatombe mayor de llegar una vez más al poder el héroe de la oreja herida.
Mi esperanza, como la de muchos, es que la mayoría de los que acudan a las urnas lo hagan en rechazo a Donald Trump -como ocurrió en las anteriores elecciones- y que la señora Kamala Harris tenga capacidad innovadora en cuanto a Cuba, si es que no hay más sorpresas en la candidatura demócrata.
Imposible adivinar lo que habrían hecho mis viejos de vivir en estos tiempos, acompañados por buena parte de sus nietos y bisnietos, porque aún republicanos ambos y sangrantes las heridas que les causó la revolución, nunca congeniaron ellos con versión fascista alguna.
Del otro lado hay una nueva generación de mi familia, incluido el primero de mis nietos en nacer allá. Supongo que en noviembre deberán tomar partido y ojalá los más lo hagan sin dejar a un lado sus raíces.
Y hablo de raíces porque el agobio de las sanciones impuestas a este país no hace distinciones entre gentes, sean partidarias o contrarias al rumbo del país.
Quizá algún día me toque a mi decir también: Tanto nadar…, porque dicen que la historia suele volver en forma de tragedia o de comedia. Quién puede saberlo.


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