Manuel Juan Somoza/La Habana
Me lo encontré en el camino, erguido a sus 83 años y cargando un bulto de instrumentos de trabajo; le propuse y aceptó arreglar el jardín de mi casa, enmarañado por muchos meses de aguaceros, y descubrí otras de esas historias que no cuentan ni en los libros ni en los medios oficiales.
Trabajó siete horas sin parar, tomó agua cuatro veces, lamentó disfrutar del refresco frío que le brindó Vivian porque, dijo, “me quitó el impulso”, y no hubo manera de que aceptara merendar o almorzar con nosotros, ni que dejara el arreglo del patio para otro día.
De arrancada tuve que apartar mi trabajo cotidiano. Al saber su edad desde una vocecita que me hizo recordar al “Cesante” -comediante de otros tiempos- temí que mi enorme escalera de madera le jugara una mala pasada y me sumé como ayudante.
“A ese lo hice joven comunista yo”, me dijo en referencia a mi vecino, Esteban Lazo -presidente de la Asamblea Nacional y miembro del Buró Político-, mientras sin dejar de trabajar rememoraba la Unidad Experimental “Ciro Redondo”, creada por el Che antes de irse al Congo y a Bolivia.
Nunca supe de esa agrupación de campesinos jóvenes, surgida, según su historia, por la zona de Jovellanos, en la provincia de Matanzas, “Llegamos a tener fábricas de jamón, de chorizo y de otros alimentos”, contó orgulloso y particularizó en Lazo.
“Había que mandar gente para las escuelas de instrucción revolucionaria y Armando Hart me dijo que escogiera a cinco y que me incluyera yo…pero preferí escoger a otros muchachos y metí a Lazo quien desde ahí -puntualizó- comenzó a subir”.
La experiencia de la Ciro Redondo “terminó cuando se fue el Che, lo desmantelaron todo. Me fui para la Columna Juvenil del Centenario -otro de los míticos tributos musicales de Silvio Rodríguez-, firmé por tiempo indefinido. Me dijeron que cuando quisiera me podía ir; y cuando pedí la baja me dijeron siempre NO, porque firmaste por tiempo indefinido; y al tercer no me fui a picar caña por mis cojones”.
Conoció, trabajó a su lado y se lamentó conmigo por la defenestración política de Reynaldo Castro Yebra, primer Héroe Nacional del Trabajo de la isla, en tiempos en que comenzaron a ser cerrados los centrales azucareros poniendo en crisis a esa industria nacional, que paradójicamente ahora “hay que rescatar”, según nos dicen los que mandan.
El truene también le llegó al protagonista de esta historia tiempo después. “Me quitaron hasta el cané del Partido (Comunista) y un día Jaime Crombet me dijo oye están rectificando escribe una cartica de tu caso, pero me dije, no señor, no hay cartica”.
Diógenes forma parte de esa masa de 2,4 millones de cubanos mayores de 60 años que atesoran muchas cosas por decir. Vive de “ocupa” en un garaje desde hace medio siglo, nunca lo vi de mal humor contando sus vivencias, y sigue siendo fidelista porque, dijo, “ese nunca dejó atrás a los suyos”, pero no lo convence el actual liderazgo del país.


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