Manuel Juan Somoza/La Habana
Imposible saber en cuántos países la gente está al tanto cada minuto del día del comportamiento de la generación eléctrica, al igual que hacen los padres en la gestación del primer hijo, pero en este ámbito los cubanos son también punto y aparte.
Cuando cada mañana, un directivo de la estatal Unión Eléctrica (UNE) anuncia el comportamiento del sistema, la gente atiende y tiembla si la termoeléctrica “Antonio Guiteras”, la principal del país, entró en rotura.
En Cuba existen ocho centrales termoeléctricas que generan el 65% de la energía a partir del consumo de crudo nacional, muy pesado, que requiere muchos mantenimientos
Las roturas ocurren con frecuencia, la mayoría de las plantas cargan con más de 20 o 30 años de explotación y el sistema de apoyo devora el diésel y el fuel oil que el país logra importar a cuenta gotas y a escondidas de los norteamericanos.
El gobierno culpa de la crisis a Estados Unidos por sus sanciones y cuentan quienes se preguntan a la par si no faltó la previsión de quienes mandan en la isla.
Pero sea cual sea la causa, de esta especie de hueco oscuro nada indica que en lo que queda de año se podrá sacar al menos un pedazo de nariz.
Anuncios oficiales dicen que será a medidas o finales de 2025 que se comience a revertir el cuadro siniestro, a partir de sistemas fotovoltaicos donados por países aliados o comprados con nuevos créditos.
El montaje se realiza ahora a toda máquina, pero cuando la Guiteras falla, como se anunció el jueves 27 de junio, la gente se encabrona o tiembla.
“China, ¡se jodió Guiteras, cojones!”, le grito Norberto a su mujer a las siete y 30 de la mañana del jueves fatídico y desde la cocina Cora, “La China”, lanzó su respuesta: “¡En este país no escampa nunca, coño!”.
A los cubanos no les basta con conocer que el sistema electro-energético está en crisis terminal. Cuando el apagón se suma a la áspera cotidianidad, la incertidumbre se dispara.
Para atenuar malestares, el gobierno hace malabares, resulta complejo administrar en calma una crisis de tales proporciones. Y así, entre “roturas inesperadas” y “mantenimientos puntuales”, la isla se adentra en los meses más calurosos y tradicionalmente conflictivos de año en año.
En agosto de 1994, en otra crisis, ocurrió “El Maleconazo”. Cientos de potenciales emigrantes protestaron en una céntrica avenida habanera, hasta que Fidel se apareció en el lugar de la trifulca.
En julio de 2021, las protestas reventaron en más de 30 localidades: un muerto y mil detenidos.
Este año, por fala de alimentos y luz, ocurrió otro tanto en tres provincias, aunque sin confrontación, y hace pocos días, el duelo callejero a palos y cuchillos entre adolescentes en La Habana, llevó a un reconocido artista cubano a hacer un pronóstico realista.
“Lo que pasó (…) es el avance. La película se estrenará este verano, o el próximo. Todas las condiciones están creadas para situaciones así en cualquier rincón de Cuba”, advirtió Israel Rojas.


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