Manuel Juan Somoza/La Habana
Un comentario en Facebook sobre el ejercicio del periodismo en Cuba del colega Fernando Ravsberg, especialista de cinco estrellas en el género “Entrevista”, me lleva a un tema que podría parecer secundario en los tiempos duros que recorren este lado de la acera.
No obstante, en cualquier parte y en toda circunstancia, este oficio tiene trascendencia social, económica y política, si se puede ejercer en apego a sus esencias.
“En los años 90 me ilusionó la posibilidad de una mejor prensa cubana, con García Luis en la UPEC (la organización del gremio) y Magali García dirigiendo la facultad (en la Universidad de La Habana). Fue un momento de decir y hacer, pero duró poco”, proclamó el colega.
La evocación de Ravsberg, quien no es de los mimados por los funcionarios que deciden vidas, aunque siga su quehacer de este lado, generó reacciones de todo tipo, e incluso me llevó a pensar y a opinar, una vez más, sobre este oficio que es también mi vida.
“Según lo aprendido: periodismo es informar, investigar, cuestionar, opinar y vaticinar a través de los géneros que conocemos. Y a mi entender no se realizará en su conjunto mientras se mantengan la guerra no declarada del Norte y la estructura centralizada políticamente en Cuba, aunque ardan deseos de cambios y vengan más congresos, leyes o promesas”, comenté entonces.
Y lo hice, porque pienso que romper amarras no depende de una personalidad o varias, pese a que aún en las circunstancias actuales algo o mucho es posible hacer.
Para evitar equívocos o definir punto de partida subrayo que soy de los comprometidos con mantener prendido El Morro.
La guerra que se hace desde el Norte crecerá de ganar Trump la presidencia y nada indica que haya cambio de estrategia aquí, en cuanto a mantener el mando único sobre este oficio como manera de enfrentar el reto.
Sé igualmente que “el que paga manda”, comentario descarnado, pero cierto, con el que un entrañable editor me recordó los límites del oficio en la prensa privada, que algunos dicen “libre”.
Sin embargo, viendo el tema desde este lado resulta incuestionable que los tiempos variaron con la irrupción de internet.
En tal escenario, ser mecanismo de repetición constante de consignas y pronunciamientos oficiales, ni es el camino para continuar poniendo cara al reto que viene de allá, ni es lo que demanda la ciudadanía y las realidades de hoy.
Que decida cada medio lo que informa e INVESTIGA, sin hacer consultas a las alturas; que se ensalce la cotidiana acción de DESTAPAR las zonas oscuras de nuestra sociedad, a la par de la luz; que desde el oficio se PROPONGAN ALTERNATIVAS, aunque no sean las oficialmente establecidas; y APARTAR DEL CAMINO por los periodistas de cualquier institución, a quienes deshonren este oficio.
Ya sé, suena idílico, pero algo habrá que hacer con urgencia. La credibilidad sigue en fuga y sin ella no hay batalla que ganar.


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