En Cuba, se multiplica el estudio privado del idioma inglés

Manuel Juan Somoza/La Habana

Vivo entre árboles frondosos y cómicas ardillas, pero hasta en esta barriada tranquila para los tiempos que corren, se pueden confirmar las afirmaciones estremecedoras, aunque  ciertas, hechas por Israel Rojas (dúo Buena Fe) a propósito del enfrentamiento juvenil en la Finca de los Monos.

“Lo sucedido debe servir para conocer mejor quienes somos los cubanos de hoy en este país después de la pandemia. Créanme… Había una Cuba que ya no es la misma en menos de 4 años”, posteó el artista.

No es mi barrio del oeste de La Habana lugar propicio para calibrar desventuras económicas y disensos políticos y, sin embargo, también aquí se escucha la revoltura de los tiempos.

“Lo que pasó es el avance. La película -pronosticó el creador- se estrenará este verano, o el próximo. Todas las condiciones están creadas para situaciones así en cualquier rincón de Cuba”.

Como por todas partes, donde vivo hay comercios privados que resuelven carencias alimentarias, mientras las tiendas estatales no lo logran, y se enraízan, de momento, en el tejido socio-económico nacional. Mañana puede ser en el ámbito político.

Existe además una de esas “escuelas privadas de idiomas”, como suele identificarse a las casas y a los cubanos dedicados a tal labor al amparo también de las reformas que a trompicones tienen lugar en el país.

Conocer el lugar es fácil por la cantidad de autos estacionados los sábados a la espera de los niños estudiantes; 800 pesos es el costo y no hay que tener imaginación aguda para saber cuál es el idioma que se enseña y vaticinar el propósito de tanta entrega, en tiempos de éxodo masivo.

Ni juzgo, ni criticó, expongo lo que observo desde esta barriada, porque muchas veces la complejidad del día a día impide evaluar la magnitud y trascendencia de los cambios que suceden.

Comenzaron en la crisis de los 90, los detuvieron al triunfar el chavismo en Venezuela y dar sus dos manos a la isla, y recomenzaron en la nueva crisis, la que lleva a percibir a la Nación como si estuviera suspendida sobre un vacío muy profundo.

Desde que lo privado irrumpió en la altamente estatificada economía cubana, hasta miembros de familias revolucionarias y renombradas se iniciaron en el negocio de los círculos infantiles pagados y en otros emprendimientos.

Vamos cambiando todos, incluso quienes tienen bien presente que el neoliberalismo crudo acecha desde el Norte. “El hombre piensa como vive”, creo que más o menos así dicen los clásicos.

Y mi barrio, por lo general unido y asiento de doctores, dirigentes y oficiales de alta graduación, es otra muestra.

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