Manuel Juan Somoza/La Habana
Comenzó el sexto mes del año y la lucha de los cubanos por remontar otra crisis se mantiene inconmovible. Cada quien busca esquivar los muchos golpes cotidianos y lo hace con lo poco que tiene a mano.
El país se aproxima a la mitad de este 2024 y aún están por ver los resultados tangibles en las calles del nuevo plan anunciado por el gobierno en diciembre para “reimpulsar la economía”.
“El problema nuestro es la ineptitud y burocracia del modelo utilizado (…) Nuestros campesinos no producirán amaestrados, con tutelas centralizadas y burocráticas, producirán para el Mercado cuando puedan cobrar lo que produzcan, garantizando la reproducción ampliada”, escribió en el blog Segunda Cita de Silvio Rodríguez el licenciado Andrés Soto, en referencia a una amarga historia que se arrastra y se arrastra de año en año.
De momento, las carencias siguen, la mayoría de los bolsillos sufren, las jubilaciones se mantienen con saldos de soga al cuello. De momento, solo se registran noticias puntuales de mejoría en una u otra localidad, insuficientes para convertirse en acontecimiento nacional.
Así corre la vida en esta acera. Imposible augurar buenas nuevas a corto o mediano plazo, aunque sea lo anhelado.
Contar con dinero fuerte para comprar un kilo de leche, un ventilador o una caja de pollo de importación se ha convertido en necesidad, muchas veces de urgencia; atesorar los billetes que cuentan va deviniendo paradigma.
Busco y rebusco pistas en los pronunciamientos oficiales, en las propuestas de economistas y sociólogos comprometidos con la Nación, y no alcanzo a divisar lo que vendrá, salvo que entramos en época de huracanes y en la repartición atlántica “al menos, nos golpeará uno”, según advierten los entendidos.
Año y medio después de que el último de esos vendavales golpeara a Pinar del Río, hasta el 12 de mayo las viviendas de unas 40 mil familias todavía esperaban su reconstrucción.
Es cierto que el cubano las inventa en el aire, no porque sea pueblo elegido -ninguno lo es-, sino por idiosincrasia y por vivir de crisis en crisis.
Donde el alemán y el inglés se detienen cuando falta algún recurso, los de aquí siempre reacciona igual: “Trame ese pedazo de alambre que con eso resolvemos”.
Y paradójicamente resuelven, donde otros se detienen. Pero como van las cosas en el país casi a la mitad del año, harían falta mucho más que mejorías puntuales y algún pedazo de alambre para poder avanzar.


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