Manuel Juan Somoza/La Habana
La administración Biden ha comenzado a mover su política hacia Cuba después de muchos meses de quietud y gran algarabía del lobby que en el Congreso de la Unión apuesta por mantener la mano fuerte de Trump.
Y lo ha hecho, además, a seis meses de las presidenciales, cuando en las bases demócratas se hacen sentir quienes acusan al octogenario de “traicionar sus promesas” de descontinuar la práctica trumpista.
“Cualquier cosa puede pasar de ahora a noviembre”, dicen los entendidos, en tanto la Casa Blanca ha adoptado en mayo más decisiones que las aprobadas en los cuatro meses anteriores de este año.
Permitió que oficiales cubanos estudiaran las medidas de seguridad del aeropuerto internacional de Miami, una afrenta para los conservadores de origen cubano, y sacó a La Habana de una de sus muchas listas satánicas, aunque la mantiene en otras.
El martes 28 puso en práctica, entre varias medidas, la inédita decisión de permitir que el sector privado abra y opere cuentas bancarias en EU, vía internet, apertura que era valorada desde hace más de un año y ha generado reacciones diversas.
Los congresistas conservadores que propiciaron y aplaudieron el endurecimiento de sanciones aplicado por Trump, rabian porque ello, dicen, “beneficiará a la dictadura comunista”
La Habana estima que la decisión “busca poner en una situación de ventaja al sector privado” con relación al predominante estatal, y enmarca la medida en la “intención de utilizar a este sector con fines políticos contra la Revolución”.
No obstante, ha advertido que “si no viola la legislación nacional y significa una apertura que beneficie a la población cubana, aunque solo sea a un segmento, no obstaculizará su aplicación”.
Las pequeñas y medianas empresas privadas, por las que abogó Barack Obama durante el deshielo pactado con Raúl Castro, ven en las decisiones “una oportunidad de oro” para consolidarse como el sector más dinámico de la economía nacional.
El empresariado estatal, en su conjunto, es como un mastodonte que requiere desde infinidad de recursos hasta la chispa de la competitividad para espabilarse
En tal contexto, los cubanos de a pie, agobiados por la inflación, los apagones y la carestía de alimentos y medicinas, al parecer se preocupan mucho menos por el trasfondo de las decisiones de un lado y del otro, y solo tienen una expectativa: “¡Que bajen los precios!”.


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