Manuel Juan Somoza/La Habana
Más que saber, lo padecemos quienes vivimos en Cuba, con algunas excepciones: el pandemonio continúa, las sanciones del gigante de las siete leguas se mantienen y las decisiones de los que mandan aquí siguen sin cuajar y cuando cristalizan multiplican el costo de la vida.
Ese amargo ajiaco ha sido señalado desde las ciencias y la academia, como un grito al viento.
Ochocientos mil cubanos con pensiones de mil 500 pesos al mes (0,42 usd al cambio oficial de 120) podrían estar rozando el límite de pobreza establecido por la ONU, alertó el doctor en Ciencias Juan Triana.
“La economía cubana cruje al calor de sus contradicciones y, en consonancia, el país se agita (…) al compás de una cuota normada que no alcanza y llega incompleta, de una cola de horas para montar en un ómnibus, del precio de la malanga, del costo del viaje Habana-Guantánamo para ver a una madre enferma, de un hijo en la primaria que no tiene frente a sí a los maestros necesarios…”, apuntó el profesor Fabio E. Fernández.
Ante el caos que se prolonga, los que se quedaron sin tiempo van a buscarlo fuera del país, otros se consumen de cola en cola, algunos confiados en que al final la Nación saldrá de este hondo bache, en tanto la burocracia política y administrativa creada durante más de medio siglo engorda y se mantiene inconmovible, y hay incluso hasta quienes logran pescar en la revoltura del río.
En un contexto tan alucinante, me pregunto si haría falta un líder que una fuerzas y aplaque el efecto de las contradicciones, pese a que al mismo tiempo admito que estos nacen bendecidos, no hay clonación posible, ni técnica mediática que los reproduzca.
En el último medio siglo, Cuba tuvo uno de esos hombres especiales para bien de aquellos que en el 59 no conocían ni los helados, ni el cine ni la luz eléctrica, y para mal de otros cuyos paradigmas radicaban en tener más a cualquier costo.
Registró aciertos y desaciertos aquel líder, pero cuando marcaba el rumbo la gente lo seguía, aunque arrastrara los pies y existiera la amenaza real de un bombardeo nuclear.
Llego al final de esta nota y no alcanzo a ver que ocurrirá mañana, más allá de un nuevo apagón programado, y me viene a la cabeza una anécdota que de su madre contaba el comandante Ameijeiras, que a mi entender sintetiza el rol del líder que ahora está en falta: “Ese hombre tiene una estrella, síguelo siempre mi´jo, que por donde él salga, tú saldrás y saldrán todos”.
Haría falta un líder?


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