Manuel Juan Somoza/La Habana
Más de 95 mil cubanos recibieron el denominado “parole humanitario” para emigrar a Estados Unidos en los últimos 16 meses, en tanto dos mil 617 fueron retornados a la isla en lo que va de este año, según informes oficiales de los dos países.
“Unos 95 mil 500 cubanos fueron autorizados a viajar a territorio estadounidense desde enero de 2023 hasta el cierre de abril de este año y 91 mil 100 habrían entrado al país”, informó la Oficina de Aduana y Protección Fronteriza de Estados Unidos.
Desde que comenzó el procedimiento de solicitud de visa on line en enero de 2023, “más de 591 mil personas han programado con éxito citas para presentarse en los puertos de entrada en lugar de arriesgar sus vidas en manos de contrabandistas”, agregó la entidad.
Puntualizó que entre los migrantes más numerosos se encuentran los de Cuba, Haití y Venezuela.
En paralelo, el ministerio del Interior (Minint) de Cuba confirmó que hasta el 13 de mayo pasado “suman dos mil 617 los ilegales cubanos retornados por el servicio de guardacostas de Estados Unidos en 42 operaciones navales”.
“En total, en el presente año se han realizado 72 retornos desde naciones de la región, con tres mil 767 personas devueltas” agregó el Minint. Esta cifra incluye los repatriados desde EU y además de México, Bahamas, Islas Caimán y otros países.
En medio de la mayor crisis económica en lo que va de siglo, Cuba vive un éxodo masivo, fundamentalmente de personas en edad laboral y reproductiva.
Los que quedan a su suerte
Entre 500 y 600 mil cubanos habrían abandonado la isla en los últimos dos años, fenómeno que ha incrementado la cantidad de ancianos que quedaron a su suerte en el país caribeño o a la espera de ser reclamados por sus hijos.
“Yo llevo más de cinco meses esperando el dichoso parole”, dice María Helena Hernández, de 78 años, quien vive sola en su residencia de La Habana, auxiliada por sus vecinos.
“Mi hijo no puede venir a buscarme por su trabajo, cuando me llegue el parole me iré solita”, agrega Hernández, quien tres veces por semana, apoyada en un bastón y en una vecina, trata de llegar a un parque cercano a su hogar para hacer TaiChi.
“Al menos aquí me río un poco y fortalezco las piernas”, comenta esta mujer con visibles muestras de deterioro físico.
Se desconocen cuántos ancianos se mantienen en similares condiciones en la isla, otro de los dramas que genera el éxodo.


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