Félix López/Andalucía
Hace poco más de dos semanas publiqué en este muro la crónica «Regreso del punto A al punto B». Un resumen de mis emociones y percepciones personales sobre mi último viaje a Cuba y Venezuela. Agradezco mucho la reacción de amigos y desconocidos sobre este texto, que fue replicado en más de un centenar de muros de Facebook y también en algunos blogs que pulsan y confrontan la realidad cubana.
Para mi sorpresa, una semana después de su publicación comencé a recibir avisos de amigos sobre un texto que se viralizaba en WhatsApp, atribuyendo mi crónica a Joaquín Sabina. Al leerlo pude entender en el acto que no se trataba de una malinterpretación o de un despiste de la persona que lo puso a circular. Se le retiró el crédito del autor, el inicio y el final de la crónica, despojándola de elementos que demostraban que había sido escrita por un cubano.
Tomar un texto de otro y apropiárselo es plagio. Pero robar un texto, mutilarlo y acreditárselo a otro autor es fabricar un bulo. Los primeros plagian por falta de talento o por deshonestidad. Los segundos porque se sirven de la mentira para cumplir un objetivo insano que va más allá del ladrón intelectual. No tengo dudas de que el autor de este atraco pensó que al acreditar mi crónica a Joaquín Sabina la estaría dotando de un espíritu disidente y le subiría presión a sus señalamientos críticos sobre la realidad cubana. El bulo, además de mediocre, es nauseabundo.
No pocos amigos, quizás los más entrenados en lides de comunicación, se percataron del fake y lo desmintieron en sus muros de Facebook o simplemente le cortaron la cadena. Les bastó decir «no es de Sabina, conozco al autor, léelo completo aquí…». Muchísimos otros, no puedo decir cuántos, se entusiasmaron en reproducir la «crónica de Sabina sobre Cuba» y dieron riendas sueltas al bulo inoculándoselo a sus amigos, familiares y afectos. Yo, seguidor de Joaquín en las buenas y las malas, quisiera decir aquí que soy el autor de «La canción más hermosa del mundo», pero nadie me lo va a creer.
Este es un mínimo, pero cercano ejemplo de cómo se distorsiona un sentimiento personal o de cómo nos manipulan en las redes sociales. Hay una línea casi transparente entre la verdad y la mentira. Por eso he decidido compartir con ustedes esta descarga con la que no pretendo solo defender la autoría de algo que escribí pensando en Cuba, sino para advertir del peligro. Veo a tanta gente inteligente y valiosa que ha sido timada y me asusto. Mañana pueden recibir un mensaje de WhatsApp que les anuncia el fin del mundo y sin asomarse a la ventana lo reenviarán con la certeza de que el mundo se acabó.
(Tomado del Facebook de Félix López)


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