Ana de Armas vuelve a Cuba

Manuel Juan Somoza/La Habana

Ana de Armas, la actriz cubana más sobresaliente entre las jóvenes estrellas latinas de Hollywood, ha vuelto a La Habana para celebrar otro cumpleaños con familiares y amigos, y trató de hacerlo como siempre, sin fanfarria publicitaria alguna.

No soy especialista en temas del séptimo arte ni farandulero, pero hago referencia a esta visita que se ha extendido más de una semana, porque es noticia en cualquier predio, y muy en especial porque admiro a esta mujer tan bella, como luchadora y buena actriz.

Ana Celia de Armas Caso, la protagonista de “Blonde”, filme que la catapultó a la candidatura al Oscar 2023, nació el 30 de abril de 1988 en La Habana y creció en el poblado de Santa Cruz del Norte, a unos 50 kilómetros de la capital.

“Su filmografía incluye papeles en cerca de 30 películas, entre ellas Cuchillos por la espalda, con la que fue nominada a un Globo de Oro en mejor actuación femenina de reparto; además de las taquilleras Blade Runner 2049, Sin tiempo para morir y The Gray Man, entre otras”, dijo la agencia Prensa Latina.

Su agenda ahora en la isla es privada y se la dejo a otros. No obstante, para mí es suficiente que haya vuelto una vez más a sus orígenes a fin de subrayar, quizá sin proponérselo, que los vínculos entre las dos aceras son mucho más fuertes que ideologías y extremismos.

La descubrí como actriz en tiempos de “El paquete”, aquel compendio de ofertas de películas y series que comenzó a comercializarse por toda Cuba cuando el Estado abrió un poco la mano a los emprendimientos individuales y privados, y me impresionó la naturalidad de su histrionismo.

Debutaba entonces en la isla “El Internado”, que si no recuerdo mal era el nombre de la entrega televisiva.

Pregunté por la desconocida que me sonaba a cubana a una colega y amiga, y su respuesta me sacó de dudas.

“Es Ana de Armas, ella estudió aquí con mi hija, es brillante, y se fue a España en busca de sus sueños. Tenía 18 años”, me respondió mi amiga y desde entonces la he visto crecer y crecer.

Es decidida la muchacha, al punto de que cuando lo consideró necesario saltó el Atlántico de nuevo, aterrizó en Los Ángeles, aprendió inglés con entrega y disciplina jesuita y brilló en la gran pantalla de la industria multimillonaria que controla al mundo de la cinematografía.

Y aun así, andando de tú a tú con los consagrados de Hollywood, esta cubana no olvida a los suyos y cuando viene a visitarlos rehúye la publicidad.

Conducta suficiente para que me anime a contar a ustedes que otra estrella del cine está en Cuba, como antes lo hicieron Jack Nicholson, Robert De Niro o Kevin Costner.

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