Cuba y la nueva clase

Manuel Juan Somoza/La Habana

Mientras Cuba da bandazos entre reformas que no terminan de cuajar y promesas que de año en año quedan sin cumplir, desde sus entrañas surge y se consolida un nuevo tipo de gente con dinero en abundancia para gastar e ir restableciendo paradigmas de otros tiempos.

¿Es un mal necesario el alumbramiento de esos nuevos ricos, que comenzó a gestarse desde la crisis de los 90?

La respuesta certera desde la ciencia la tendrán sin dudas los académicos. A mi entender, es otro resultado lógico de la crisis en la que se mueve la Nación desde finales del siglo pasado y de la urgencia de remontarla

En la universidad aprobé por los pelos el estudio del marxismo, corría el tiempo en que el socialismo se prometía como “futuro luminoso” y hacia él empujábamos el carro la mayoría de los cubanos, pero 60 años después de lo vivido, con Ofensiva Revolucionaria incluida, estimo que la propiedad social y privada tendrán que volver andar de las manos en el país.

Despuntaban los años 80 y en Argel, Henry Ruiz y Luis Carrión, entonces líderes sandinistas, me comentaron lo siguiente. “Papá nos dijo (así se referían a Fidel) que nunca cometiéramos el error que ustedes cometieron cuando en 1968 proclamaron la Ofensiva Revolucionaria y acabaron con lo último que quedaba de emprendimientos privado en la isla”.

Molesta y hasta hiere hoy que al tiempo que la pobreza aumenta en Cuba hay señores con la plata suficiente para convertir en moda exclusiva eso de comprarse una casa recién reparada y volverla a reparar con derroche de bloques, cementos y pinturas, cuando el Estado incumple todos los planes de construcción de viviendas por falta de bloques, cementos y pinturas. Esa es la otra cara de la moneda.

Son contradicciones de estos tiempos, que la sufren muchísimo más quienes menos van teniendo, cuando ahora lo que se promete es un socialismo “próspero y sostenible”,

Me mantengo de este lado de la acera porque creo en un tipo de sociedad en la que no manden ni el dinero, ni el consumismo, ni los apellidos. Y sí, puedo estar totalmente equivocado, pero esa es la apuesta de mi vida y la apuesta de otros muchos, pienso yo. Veremos entonces qué nos dice el tiempo por venir.

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