Carlos Batista/Barcelona
He visto deambulantes desafiar el frío con periódicos en las noches de Nueva York y en los portales de Barcelona. Pero ninguno me lacera tanto como los taciturnos de La Habana.
Además de ser mis compatriotas y, en muchos casos, contemporáneos, ahora son cientos y carecen de la aureola de misticismo romántico que rodeaba al Caballero de París en la puerta de la cafetería La Pelota, allá por los años 70.
No son buzos que registran tanques de basura, ni de los que piden dinero o algo de comer en las calles: por lo general van taciturnos, ausentes, envueltos en harapos y churre, cargando bolsas llenas de viejas ropas para protegerse de la lluvia y el frío, ausentes del mundo y del tiempo.
Cuántos y quienes son?
Dos extensos artículos publicados en el blog Cabadebate en febrero y abril de este año, aborda el asunto con profusa información, desde diferentes ángulos y los esfuerzos hasta ahora insuficientes por remediar el problema.
“El desarraigo familiar, los problemas sociales, la emigración de las personas jóvenes y el envejecimiento demográfico son factores que condicionan este incremento. A muchas de las personas que tenemos ahora los familiares les vendieron la casa para irse del país, o ellos mismos lo hicieron, no lograron su propósito y quedaron desamparados”, explicó Yurisdaisy Bustamante, Subdirectora de Trabajo Social del Centro para la Atención a Personas Deambulantes de La Habana.
La mayor cantidad de ellos son hombres de la tercera edad con frecuentes padecimientos psiquiátricos o problemas de alcoholismo. Sin embargo, temas como la drogadicción aparecen en menor medida en este tipo de personas, añade.
Desde 2014, que se trazó una política oficial para encarar el problema, hasta septiembre de 2023, en Cuba se habían identificado 3 690 personas con conducta deambulante.
De ese total de esas personas, a 2798 se les ha dado algún tipo de solución, lo cual representa el 75% del total. “Entre ellas está el ingreso en instituciones de salud”, dijo Belkis Delgado Cáceres, directora de prevención social del Ministerio del Trabajo.
De ellos, 1 983 personas retornaron a su núcleo familiar, y 599 fueron ubicados en hogares de ancianos.
En Cuba existen centros de atención a deambulantes en 9 de las 15 provincias y se termina uno en las Tunas.
Pero deambular no es un delito, sino una conducta social, por lo que el Centro parte de un principio básico: la voluntariedad para permanecer en él, recuerda Bustamante.
“Por lo general nuestros pacientes están aquí entre tres y seis meses, mientras el municipio los caracteriza y busca a algún familiar. Si en definitiva no tienen un lugar para retornar, permanecen aquí por más tiempo”, asegura.
Ahí tienen cama, ropa limpia, baños, comida y atención médica, pero en la Cuba actual, de escasez y penurias, todo es difícil.
“Todo eso es gratis, pero no contamos con una asignación fija de recursos. Hacemos cartas al Gobierno y entonces ellos nos facilitan productos”, explica.
Yaimel León, trabajadora social, opinó que ““Muchas personas abandonan a sus padres o abuelos porque saben que en Cuba nadie queda desamparado, aun en medio de todos los problemas económicos que tenemos”.
Pero la situación económica y social de Cuba se agrava, y con ello crece el número de deambulantes.
“Otro elemento que ha impacto en este fenómeno es la migración, sobre todo por la cantidad de adultos mayores que se quedan solos”, consideró Delgado Cáceres.
Y añadió: “Después de la covid 19, con un contexto económico que ha sido difícil para todos, hay personas que son más vulnerables sobre todo en lo social y económico. A pesar de que algunas personas vulnerables reciben prestaciones de la asistencia social, esto no es suficiente”.
(Mas información en Cubadebate)


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