Manuel Juan Somoza/La Habana
Todo comenzó el 22 de marzo pasado, cuando el turista Faraj Allah Jarjour murió de un infarto mientras nadaba despreocupado junto a su familia en las aguas transparentes del balneario internacional de Varadero, al este de La Habana.
De origen sirio, Allah Jarjour se había asentado en Montreal, Canadá, para ponerse a salvo de la guerra en su país de origen, pero el largo brazo de la mala suerte lo siguió hasta la mayor isla del Caribe y se ensañó con él hasta después de fallecido.
Por un increíble error de funcionarios cubanos, sus restos fueron trasladados y sepultados al norte de Moscú, cuando su familia lo esperaba en Canadá, a donde llegó el cadáver de un ciudadano al parecer ruso fallecido igualmente en la isla.
Ahora los restos de este hombre serán desenterrados en la capital rusa y repatriados finalmente a Montreal, si no hay otro error. Su hija, Miriam dijo a la radiotelevisión canadiense CBC que no tiene otra opción que ser paciente.
El hecho sumió en el desespero a la familia de la víctima, originó una protesta de la canciller canadiense Mélanie Joly y las disculpas del titular cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez, quien aseguró además que las autoridades investigan el “lamentable incidente”.
Canadá es el primer emisor de turistas a Cuba, por lo que este error puede impactar en un sector que La Habana trata de reanimar como fuente de ingresos en moneda fuerte, cuando esta no alcanza ni para importar alimentos básicos.
Detrás de los viajeros canadienses, se sitúan los cubanos residentes en el exterior, principalmente en Estados Unidos, y en 2023 Rusia se ubicó en el tercer puesto, pese a la guerra en Ucrania.
Ahora los cubanos buscan atraer a los chinos y en mayo próximo se espera la apertura de la primera ruta aérea entre el gigante asiático y la isla.
En 2019, Cuba recibió 4,3 millones de turistas, la pandemia de covid-19 frenó el desarrollo del sector y este año aspira a recibir 3,2 millones de visitantes.


Deja un comentario