Manuel Juan Somoza/La Habana
Lizbeth optó por ser maestra, era su sueño. Debutó en la enseñanza secundaria y púbica, como son todas las escuelas cubanas, pero la tormenta económica, política y social que zarandea a la isla la llevó a limpiar casas en La Habana. “No podía mantenerme con cuatro mil pesos mensuales”, dice a DDA.
Ella es una joven madre soltera de la generación que maduró entre apagones de 14 horas diarias y desayunos de agua mezclada con azúcar en la crisis de los años 90, cuando por la desaparición del socialismo en Europa del Este, Cuba quedó en solitario defendiendo esa opción social en Occidente.
Hoy, sin embargo, Lizbeth está esperanzada. “Parece que pasé las pruebas y me contratarán en un círculo infantil” de esos que con gestión privada han florecido en la isla al amparo de las reformas en curso desde hace más de una década.
“Serán 15 mil pesos mensuales”, afirma, aunque asegura que “continuaré limpiando, porque como está la vida de cara ni 20 mil pesos alcanzan”.
Los salarios son como agua entre las manos
Ulises Guilarte, jefe de los sindicatos oficiales, suele repetir en sus discursos lo que padece “más del 70 por ciento” de los empleados en el todavía predominante sector estatal. El valor real de los salarios se ha convertido en agua entre las manos.
Y Guilarte, al igual que los demás líderes, llama a “elevar la producción de bienes y servicios” a fin de contener la inflación que aumenta, pero deja a la imaginación cómo lograrlo con la industria descapitalizada, sin dinero para importar insumos claves y con el país cercado financieramente por su enemigo ancestral, Estados Unidos.
La inflación interanual en el mercado formal de Cuba se ubicó en marzo en el 33,17 %, luego de que en febrero llegó al 32,08 %, reveló en abril la oficial Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
Y si a ello se suman los registros imposibles de precisar con seriedad del predominante mercado informal, el valor de los salarios nominales agudiza su picada.
La reacción de Lizbeth y Junior
Ante la compleja realidad cubana reacciona la generación de Lizbeth, a la que le corresponde llevar sobre sus hombros el peso fundamental de una Nación de viejos. Más del 20% de la población sobrepasa los 60 años (el ingreso predominante no llega a mil 600 pesos mensuales) y los nacimientos descienden a velocidad vertiginosa.
En ese contexto, son muchísimos los que emigran, otros como Lizbeth o Junior -profesor de educación física, vendedor de celulares importados y taxista de noche- buscan su salida en la isla de manera pragmática y “la mayoría”, en el decir del gobierno, reflota hasta la práctica de los “trabajos voluntarios” en los campos para mantener con vida al socialismo.
A lo interno, va cambiando este país que sigue siendo referente para buena parte de la izquierda mundial por su enfrentamiento a Goliat. Aumenta el segmento poblacional con ingresos altos vinculados el sector privado, se expande la pobreza y se insiste en los llamados a la unidad en torno a los que mandan.
Pero ni Lizbeth ni Junior tienen tiempo para escuchar llamados oficiales o irse de trabajo voluntario los domingos. Los humanos piensan como viven, suelen reiterar los clásicos.
Según el Anuario Estadístico de Cuba, el segmento poblacional de entre 30 y 40 años representa el 14% de la población cubana registrada en 2022, casi millón y medio de personas, y de ese sector surgió la mayor parte de los participantes en las protestas públicas del verano de 2021 y de los reclamos también en las calles de “luz y comida”, a comienzos de este año.


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