Carlos Batista/Barcelona
Enfundado en una impecable guayabera blanca de mangas largas, con gesto altivo y paso decidido, el periodista mexicano Mario Menéndez caminaba a inicios de los años 80 por los pasillos de Prensa Latina, en La Habana, alimentando una leyenda que nutrió a todos los que nos iniciábamos en el oficio en 23 y N, al compás de los teletipos.
Mario se movía casi a la velocidad del sonido y entrevistaba a guerrilleros colombianos, venezolanos, mexicanos y de otros países, lo mismo en parajes remotos de América Latina, que en discretas “Casas de visita” de La Habana.
La llave mágica que abría esas puertas -lo intuíamos- era el mítico comandante Manuel Piñeiro, “Barbarroja” y sus discretos hombres del Departamento de América, que como esquirlas de una granada revolucionaria estaban dispersos por doquier y manejaban con igual destreza la pistola y el intelecto.
Pero este lunes 15 de abril, Mario murió “de causas naturales” a los 87 años, acompañado de su esposa e hija, en su natal Mérida, Yucatán.
Mario Renato Menéndez Rodríguez nació el 14 de enero de 1937 y dirigió la revista Sucesos en 1966, para fundar su propio medio, ¿Por Qué?, en 1971.
¿Por Qué? fue dinamitado, Mario detenido y liberado después para marchar por casi una década al exilio cubano. Regresó a México en 1991 y fundó ¡Por Esto!, una revista que devino diario.
«Fue nuestro entrañable amigo y siempre abrió los espacios (…) para informar de nuestro movimiento de transformación», dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador, al conocer la noticia.
En Cuba, solo el blog oficialista Cubadebate publicó una adjetivada nota, informando su muerte.
Para los jóvenes periodistas cubanos de entonces en Prensa Latina -ahora jubilados o “machacando” en la tercera edad- Mario se quedó siempre en la leyenda nebulosa, pues incluso los que después charlamos alguna vez con Barbarroja nunca llegamos a conocer todas sus andanzas clandestinas.
Pero guardamos bellos recuerdos de sus atributos periodísticos que, sin misticismo ni leyendas contribuyeron a nuestra formación.
Otros mentores
De baja estatura y vestido casi siempre con un safari de corte africano, el brasileño Aroldo Wall fue otro de los mentores de aquella muchachada. Nos enseñó a pensar e investigar, a deducir y actuar. Maestro de humor cáustico, con el acento carioca que nunca perdió, Aroldo bromeaba y llamaba “Carlitos” al mexicano Carlos Sánchez Flores, quien aún limitado físicamente de su lado izquierdo (Parapléjico), nos descubrió los misterios de las ciencias económicas.
Graduados en universidades comunistas, donde nos impartieron Economía Política del Socialismo, los jóvenes de entonces nada entendíamos de cotizaciones, dow jones, FMI y otras muchas cosas de la economía mundial capitalista, que nos enseñó Carlos Sánchez sin perder nunca la paciencia y el humor.
Fueron varios los latinoamericanos que llegaron a Prensa Latina para auxiliar en el despliegue mundial de un sueño, iniciado por Ernesto Che Guevara.
Entre ellos Gabriel García Márquez en la arrancada, el argentino Jorge Timossi, quien hasta el final de sus días fue referente de generaciones, y el siempre serio, grave y erudito en el idioma, Pedro Atienza Cimarro, español de nacimiento y otro de los maestros de aquella generación que todavía guarda muchas historias en el tintero.


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