Cuba en su momento más delicado

Carlos Batista/Barcelona

Cuba vive el momento más delicado de sus seis últimas décadas.

Su estructura social, desgastada por muchos años de resistencia frente al bloqueo de Estados Unidos y una tímida e incompleta reforma económica, se ha vuelto frágil tras la pandemia de covid y el errático rumbo adoptado por sus autoridades.

“La reforma económica iniciada en los años 90 nunca ha sido realmente completada. Las resistencias nos han traído a la profundidad de la crisis que Cuba padece hoy”, escribió recientemente el economista y académico, Juan Triana Cordoví.

La acusación de corrupción contra el ex ministro de economía, Alejandro Gil, lejos de encontrar una cabeza de turco para los males, echa leña al fuego del desencanto, la abulia, el desasosiego, la incertidumbre, que ganan terreno.

Sólo 2019 a 2021 Cuba cayó 7 escaños en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, ubicándose en el puesto 83.

Resumiendo: los cubanos padecen una escasez notable de alimentos y medicinas, una inflación galopante, sus salarios y pensiones son más que insuficientes, hay graves problemas de transporte y han regresado los largos cortes de electricidad (apagones) y las colas en las gasolineras.

“La hiperinflación llegó a Cuba, y hay que intentar bajarla. Pero eso supone audacia y romper dogmas, la voluntad y las exhortaciones no la va a resolver”, afirmó el economista Omar Everleny Pérez.

Todo ello en medio del mayor éxodo masivo de la historia cubana, que está dejando sin jóvenes, una sociedad cada vez más envejecida.

El ex ministro de Economía, el académico José Luis Rodríguez, urgió al gobierno a “un perfeccionamiento de los mecanismos de protección social, en particular de la población que requiere asistencia social, los jubilados y el segmento de aquellos que se encuentran en situación de vulnerabilidad económica”.

Ese fardo acuestas, dispara las contradicciones, y los extremismos, hace más frágil la actual realidad, pues agrava “la dinámica de un consenso atravesado como nunca antes por el disentimiento”, según el sociólogo Rafael Hernández.

Las autoridades han reconocido y llamado a combatir el aumento de la violencia y la corrupción, cuyos índices sigue siendo menores que en otros países latinoamericanos, pero alarmantes para lo que está acostumbrado el cubano.

Todo ello ha recalentado las contradicciones políticas, llegando a extremos, lo que hace la situación explosiva.

“Los cubanos llegan a este enero más necesitados de una economía que funcione, una política inclusiva y una narrativa nacional que genere nuevos consensos”, escribió el analista político Harold Cárdenas a inicios de año.

“Por cada Otaola hubo un Guerrero Cubano, y a cada adjetivo de singao se le respondió con un pingú. Costará recuperar el lenguaje político”, sentenció.

Para nadie es secreto, en la isla o fuera de ella, que una ruptura, un quiebre de la actual situación, puede tener consecuencias mas dramáticas y trágicas que el 11 de julio de 2021.

Tal vez sea un buen saldo para una exigua minoría, pero para la mayoría de los cubanos, será un costo irreparable en mucho tiempo.

Fin/

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