OTRA ESCARAMUZA EN TIEMPOS DUROS

Manuel Juan Somoza/La Habana

La realidad cubana se desborda de hechos y matices entre desesperanzas, hospitales limitados de operar a plena capacidad por el cerco petrolero impuesto, llamamientos a un ataque de los marines o a defender la soberanía nacional hasta con los dientes, mientras se habla y se vuelve a hablar de conversaciones o negociaciones con Washington.

Son múltiples los acontecimientos que, a veces de manera silenciosa y otras bien sonadas, estremecen a la isla y sobre los cuales intento dejar constancia escrita para que como testimonio cuente a la hora del recuento, ese del cual casi siempre se apoderan los vencedores a fin de decir lo que les conviene.

Y hoy sintetizo otra escaramuza cotidiana de las muchas que se libran en el país, recién iniciada en mi barrio del oeste de La Habana, donde apenas sobreviven con cinco o seis horas de electricidad al día las familias que integran el BLOQUE UNO, de los seis en que ha repartido la ciudad la Empresa Eléctrica, con vistas a manejar la baja generación de corriente.

En la misma zona, los agrupados en otros bloques disfrutan de la luz eléctrica, en ocasiones, sin interrupción alguna durante una semana.

La demanda a las autoridades locales no implica, por ahora, ni cacerolazos ni protestas callejeras, se realiza en el chat oficialmente instituido y exige la URGENCIA de una repartición más equitativa y humana de los apagones (descontando los circuitos priorizados para mantener alguna vitalidad en hospitales y centros de producción fundamentales), solicitud que equivale a una reedición contemporánea de esa amarga realidad que nos acompaña desde hace 60 años: repartir poco entre muchos.

Soy escéptico en cuanto a los resultados de la pelea que comienza. La que reparte, es la que tendría que resolver una mejor distribución de la poca luz con que se cuenta, eso implicaría admitir un error que afecta a miles de cubanas y cubanos de los populosos municipios Playa, Vedado y Cerro -los que he podido comprobar-, y admitir errores propios no es común en los mandantes.

Así me adentro en otro jueves de tinieblas tras leer, cuando conté con electricidad, un razonamiento del doctor Julio V. Ruiz desde Miami sobre los extremismos de los llamados anticomunistas allá, y mientras busco el punto final de esta crónica evoco los extremismos de aquí y reconsidero: SERÁ MÁS FÁCIL LOGRAR UNA MEJOR DISTRIBUCIÓN DE LOS APAGONES EN LA ISLA, QUE ALCANZAR LA RECONCILIACIÓN ENTRE CUBANOS QUE LE URGE A LA NACIÓN.

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