Ochenta y tres llamadas a golpe de Balada para Adelina y Chiquitica

Llamadas a compañía eléctrica

Los apagones y la crisis energética marcan la vida cotidiana en Cuba entre quejas, incertidumbre y largas esperas.

Aurelio Pedroso/La Habana

Hay que vivirlo para comprenderlo en su justa medida porque no vale mucho contarlo: el cerco petrolero impuesto por Donald Trump a la isla, las ya obsoletas centrales termoeléctricas y el despertar tardío de fomentar fuentes alternativas como la solar, son las tres razones fundamentales para el mal dormir y el mal vivir de los cubanos.

Tomar las cosas con calma para no perder la cabeza y acudir a consulta de psiquiatría donde tal vez el profesional que deba atender esté más afectado que el paciente.

Como los hay que no se resignan a soportar el trágico panorama y son en extremo propensos al uso de la telefonía, al primer, segundo o tercer corte de electricidad en el día o la noche, marcan el número donde le deben explicar que está sucediendo, si una caldera dejó de funcionar, que si la demanda es alta, que si no hay petróleo, que si ya están reparando la avería.

Así, trabajar como operadora del centro telefónico de la empresa eléctrica de la Habana, debe ser una plaza altamente remunerada dada la presión reinante en las quejas, protestas y reclamos de los dolientes que así sea su nivel cultural, educación o instrucción será su comportamiento con las palabras.

Una vecina me ha confesado que durante una de esas llamadas se le dijo que la estaban grabando para que “los jefes se enteraran de los problemas”. A partir de ese momento, reclama, infructuosamente, hablar con algún “jefe”.

Esto, en caso de lograr ser atendido porque mientras le llegue el turno la espera es desesperante así sea con Chiquitica, de los Abba o Balada para Adelina, de Paul de Senneville con el Richard Clayderman a las teclas pidiéndote  paciencia. No menos importante, el repaso a la lengua inglesa porque ahí está hasta el cansancio el aquello de “The number you are calling is busy”.

No dejo de pensar en cuando esas empleadas lleguen a casa después de haber sido sometidas a singular misión de explicaciones y respuestas recibidas. Si son casadas, el marido deberá hacer un esfuerzo meritorio, hablarle poco y evitar discusiones. En otro orden, tratarlas con psicología de urgencia y rogar que no tengan cortes de luz.

Empleos que requieren tensión los hay en cualquier sitio de este mundo. En Cuba, sobran dada las actuales condiciones cercanas a la sobrevivencia y al malestar. Ni Adelina, ni Chiquitica podrán aportar mucho…

(Tomado de El Boletín)

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