EL JAMÓN DEL SÁNDWICH, SIN ADEREZOS

Manuel Juan Somoza/La Habana

Los cubanos subsistimos como si giráramos a máxima velocidad en un carrusel indetenible que enloquece a más de uno.

Es parte de un viaje impuesto a los tiempos de las flechas y las cavernas, aquellos en los que nuestros antepasados descubrieron el fuego, sin poder imaginar que muchas generaciones después crearían la luz eléctrica.

¿Por qué llegamos a este extremo?, vuelvo a preguntarme, quizá, por el efecto de otras 13 horas sin electricidad que siguen contando y lo llevan a uno a divagar, sufrir o encabronarse.

Son múltiples las causas de este viaje impuesto a cubanas y cubanos, entre las cuales, a mi entender, sobresalen dos.

Acostumbrado a ordenar y a decidir en esta zona de la aldea, Estados Unidos intentó reconducir o frustrar las esperanzas de tranquilidad y buen vivir de millones de cubanos, desde antes que triunfara la Revolución en enero de 1959. Según documentos desclasificados, en diciembre de ese mismo año la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ya contaba con sus primeros planes para torcer el rumbo. Era y es INADMISIBLE para Washington que un país, un gobierno y un montón de gente decidieran emprender un camino nuevo en su zona de influencia, sin contar o a pesar de ellos. Lo que sobrevino después del 59 es de sobra conocido, hasta llegar a este mes de 2026, cuando parecería que la suerte de nosotros depende de una negociación TODAVÍA INCIERTA entre la Casa Blanca y el Palacio de la Revolución, mientras la isla está bajo un cerco petrolero que equivale a un flechazo al corazón de cualquier sociedad. Esto, de una parte.

Y de la otra sumo el desconocimiento de cómo edificar DE MANERA SOSTENIBLE esa sociedad distinta y justa -socialista- a la que aspiramos muchos , que si bien en el 59 abrió las puertas del disfrute a quienes nunca conocieron ni la luz eléctrica, jamás pudo desprenderse para ello de una conexión externa (con la URSS y la Comunidad Socialista del este de Europa), del enfrentamiento permanente al Norte y del mando único y sus extremos, la manera que se adoptó a fin de hacer lo que parecía imposible: desafiar al Imperio en sus narices. Y agrego a la generalización anterior, el ERROR DE DETENER los cambios iniciados durante la crisis de los 90 (caída de la URSS y los demás) luego de conectarnos, una vez más, con otra fuerza exterior, la Revolución de Chávez en Venezuela. Y desde entonces, el pa´lante y pa´tras que nos ha traído hasta hoy , cuando parece -solo parece- que los dirigentes cubanos van al menos entendiendo, aunque sea en teoría, que es imposible el socialismo sin mercado, sin la coexistencia a tope de la propiedad social y privada, sin inversiones millonarias y sin que la gente sienta-sintamos- buenos resultados, más que promesas bellas.

Son muchas las interpretaciones posibles de un asunto complejo que nos atañe, pero de momento NO PUEDO escribir más, la batería de mi laptop está en rojo y continúa el apagón.

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