HOY NO ENCUENTRO LA MEJOR MANERA DE DECIR

Manuel Juan Somoza/La Habana

Hay jornadas en las que hasta el optimismo se acalambra y obliga a respirar profundo y exhalar con calma, como enseñan los maestros a reaccionar cuando los tiros se escuchan demasiado cerca.

Y es exactamente así que amanezco hoy, tras unas 20 horas sin servicio eléctrico en el oeste de La Habana, apagón que comenzó a las siete de la mañana de ayer y en cuatro tramos se extendió -durante noche y madrugada, una vez más- hasta las 7 y 30 de este martes, en el que la luz que dejé de guardia en casa me tiró de la cama donde daba vueltas sin pegar los ojos.

Sospecho que puede haber ocurrido algo parecido o peor en otras partes de la ciudad y en las demás regiones de la isla, porque volviendo a términos militares -otra característica del momento, en el que suman quienes piden su fusil AKM-, Cuba sobrevive como si estuviera bajo los ataques artilleros o los bombardeos desde el aire, que anteceden siempre a los desembarcos.

No me hagan mucho caso, escribo rápido y aún con sueño, sin saber cuándo volverá a desparecer la corriente –“la noche y madrugada de hoy serán muy parecidas a la de ayer”, acaba de alertar un directivo de la Unión Eléctrica-, y escribo por la necesidad de que se sepa del otro lado de la frontera, en las condiciones en que caen y se levantan las cubanas y cubanos de estos tiempos, en la isla.

Ni idea tengo de lo que nos reservan las horas que están por transcurrir. Sin embargo, llevo conmigo, desde hace mucho tiempo, el convencimiento de que aquí o en cualquier otra parte de esta aldea en llamas, el que se canse, pierde para siempre.

No soy el único que anda por la vida con tal convicción, por suerte conozco a muchos, y ahora que me acerco al punto final de esta nota que quiero salga pronto para que traslade esta verdad tan lejos como pueda, solo me resta reiterar que sí, hay momentos en que hasta el optimismo se acalambra, y sin embargo somos tan obstinados los cubanos que, tras respirar profundo, siempre seguimos pa´lante y pa´lante, como decía en conga callejera aquella muchachada de los lejanos años 60 , cuando comenzó esta historia que el Norte insiste en apagar definitivamente.

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