Celebración de Domingo de Resurrección en una iglesia cubana con decoraciones florales. Foto: Yuri Brizuela
Crónica personal que recorre la fe heredada, las procesiones de Semana Santa y las dificultades diarias del pueblo cubano.
Aurelio Pedroso/La Habana
Recomendable apuntar que desde pequeño fui educado en el respeto a las creencias católicas y otras tantas más. Y no era para menos. En la familia materna teníamos a dos monjas de clausura que cuando las visitábamos excepcionalmente en el convento de la calle San Lázaro, una de ellas, rejillas de madera de por medio, casi en penumbras, le pedía a mi madre que me levantase del asiento, y exclamaba emocionada:
– ¡Qué grande el niño!. Que Dios lo bendiga.
Domingo de resurrección, procesiones (autorizadas) en muchas ciudades por las calles cubanas. En mis pensamientos adultos aquellas remembranzas de niñez en el pueblo natal, octava villa fundada por los españoles, San Juan de los Remedios, con ese sufrimiento de Jesús Cristo de Nazaret en camino al Calvario recorriendo medio pueblo.
Vía Crucis ha quedado también para expresar ese racimo de dificultades cotidianas cuando necesitamos alcanzar mejores momentos. Por tanto, nada exagerado afirmar que no basta un día de la Semana Santa para confirmar que tal acto es a diario en el pueblo cubano.
El Anticristo desde la Casa Blanca y sus discípulos ultraderechistas de Miami haciendo lo imposible por aumentar el dolor y el vejamen no al gobierno, sino al cubano más humilde. Mientras tanto, un clavo más, nacional o de importación, en el acto de crucifixión sin esperanza visible que en corto tiempo vivamos mejores episodios.
En camino hacia el Calvario en Vía crucis que parece no tener fin…
(Tomado de El Boletín)


Deja un comentario