Un ping pong extremadamente complicado y llegó Anatoli a Matanzas

Petrolero ruso Anatoli atracando en el puerto de Matanzas (Foto tomada de la TV cubana)

Opacidad, giros inesperados y dependencia exterior marcan las tensas maniobras entre La Habana y Washington.

Aurelio Pedroso/La Habana

De otra forma no se podría prever el estado y situación de las conversaciones y  ¿negociaciones? con EEUU. Cero información y rumores a las dos manos. Todo lo que la opinión pública nacional puede digerir proviene de fuentes extranjeras y algún que otro comentario u opinión  en las redes sociales de cubanos residentes en la isla.

Y que conste, que dentro del periodismo podré ser quien se encargue de la limpieza de la redacción y nunca ufanarme de analista.

Washington, en su relación amor-odio con Rusia, cede a la izquierda la tuerca contra Cuba, permite que un buque petrolero del Kremlin fondee en Matanzas con 100.000 toneladas de crudo y  las autoridades locales  entonces revierten su decisión y acceden finalmente a que la embajada gringa disponga del combustible que importó por el puerto del Mariel.

Un ping pong en cámara lenta. Sin prisas, aunque el tiempo apremia.

Por lo claro ha quedado, según se observa desde las gradas, que la opción venezolana ha sido descartada por principios más una buena dosis de vergüenza y que, finalmente, se aprecia cierta aproximación a esas experiencias chinas y vietnamitas que se han obviado y hasta criticadas en los últimos años.

Mientras tanto, el tiempo va transcurriendo con temores, rumores y pocas esperanzas de solución a la infinidad de problemas que enfrentan el gobierno y sus ciudadanos porque con “curitas” o aspirinas de donación no se soluciona el mal de fondo, la metástasis del cáncer económico que comienza en el bolsillo de los ciudadanos y termina en la necesidad de alimentarse con productos agrícolas comprados en el exterior o lo que puedan regalarnos.

Una serpiente de dos cabezas. Una, la hostilidad gringa; la otra, la demora en asumir cambios radicales.

Pasado el agradecimiento estomacal del donativo mexicano, que en casa correspondió a un kg  de frijol negro mexicano “Frijoles Bienestar”, de excelente calidad, no había ser pensante en la isla que indagase por la llegada del petrolero ruso Anatoli Kolodkin hasta que finalmente atracó este martes en puerto de Matanzas con un cargamento útil para diez días de supervivencia de las centrales termoeléctricas y otros destinos vitales.

Y en algún lugar de este mundo, esas conversaciones con los gringos sin poder conocer a ciencia cierta quién o quiénes participan en ellas y cuál es la temperatura en las mismas.

Mañana, otra preocupación; pasado mañana otra más…

(Tomado de El Boletín)

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