Manuel Juan Somoza/LA Habana
Ponemos proa al tramo final de marzo y lo hacemos con una sensación de alegría contagiosa, regada por todo el país tras la confirmación de que, finalmente, un buque petrolero ruso rompió el cerco tendido a Cuba por Donald Trump.
Fue suficiente que el Canal Caribe de la tv nacional informara la tarde-noche del domingo que el buque navegaba por aguas cubanas -lo que hacía más difícil que se repitieran sin respuesta los asaltos de marines yanquis a otros petroleros-, bastó ese anuncio para que cundiera la felicidad por algo que, en cualquier lugar del mundo, es un hecho rutinario.
Pero Cuba lleva casi cuatro meses sin poder importar petróleo a causa de la amenaza de Trump de sancionar a quien ose venderle; 120 días de apagones mañana, tarde, noche y madrugada, sin poder utilizar cerca de mil 400 megawatts rescatados en 2025, luego de mantenimientos capitales al sistema de motores (diesel y ful oil) que complementan la producción de las termoeléctricas y los parques solares.
Y en esas circunstancias, cuando en la isla hay como celebración nacional por algo rutinario en el cualquier otro país, el nuevo dictador del planeta dijo sin el menor sonrojo a la prensa estadounidense: «No nos importa dejar que alguien en Cuba reciba un cargamento porque lo necesitan. Tienen que sobrevivir».
Rematando su declaración con un cierre propio de “Tres-patines “, aquel bufón del patio que hacía reír en los años 50 : «Preferiría dejarlo entrar, ya sea de Rusia o de cualquier otro país, porque la gente necesita CALEFACCIÓN, refrigeración y todas las demás cosas».
Increíble, pero cierto el nuevo disparate de la calefacción, con el cual, al parecer, Trump trató de restarle importancia a la trascendencia del barco ruso, que establece un precedente a fin de que otros países, México entre ellos (de la Venezuela de Delcy Rodríguez prefiero no hablar) , reanuden sus ventas de crudo.
Esta por confirmar la cantidad exacta de combustible que carga el buque -se habla de 700 mil o 100 mil barriles-. Según la información disponible, Cuba necesita unos 100 mil barriles DIARIOS SOLO para producir electricidad y mantener el servicio de transporte público.
Sí, es un buchito, pero suficiente para levantar los ánimos y reafirmar que al nuevo dictador del mundo hay que enfrentarlo, no temerle. “A ellos se les ve grandes, cuando los miramos de rodillas” , dijo uno de esos cubanos que supo hacer respetar la soberanía nacional a una decena de mandatarios estadounidenses, republicanos y demócratas.
Y así, estimados, comenzamos en La Habana el tramo final de marzo.


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