Manuel Juan Somoza/La Habana
El presidente Donald Trump y su secretario, Marco Rubio, parecen haber sobrepasado el punto de NO retorno en cuanto a Cuba, ese que demanda que las acciones sobrepasen la retórica.
O al menos, a eso apunta la suma de acontecimientos registrados desde el exitoso golpe estadounidense a Venezuela el 3 de enero pasado, a partir del cual la isla devino, como por arte de magia política, peligro “extraordinario” para la seguridad de la Unión Americana.
En unos cuatro meses, el discurso de Washington ha planteado desde “barrer” al país caribeño del mapa, hasta controlarlo de manera “amistosa”.
Y en el desarrollo de esa concepción, inevitablemente, trasciende el ensayo venezolano, cuya esencia ha sido puesta en práctica también en Irán desde el punto de vista de táctica militar: bombardeos selectivos y descomunales con apoyo israelí para llevar al país persa al caos, NO desembarco de tropas, lo que implicaría la muerte de soldados estadounidenses, carga que Trump evitará, sabedor de que su popularidad decae en Estados Unidos cuando están más cerca las elecciones de medio término.
En cuatro meses, la vida de las cubanas y los cubanos se encuentra en el dramático límite de la sobrevivencia, sobre todo a partir del bloqueo impuesto a la importación de combustible, que hasta ahora no han podido quebrar ni Rusia ni México, sus suministradores más seguros tras la derrota del aliado chavista.
En tanto, en igual tiempo ha crecido la ansiedad por constatar “el fin de la dictadura comunista” que esperan a gritos las bases trumpistas en Miami, donde se ha creado incluso una especie de unidad de fuerzas dispares, en la creencia de que se contará con ellos cuando llegue la hora, aunque en Venezuela la líder anti chavista MarÍa Corina Machado haya quedado fuera del juego.
ESCENARIO INMINENTE Y PROBABLE
Desde el punto de vista estadounidense:
– Que Trump y Rubio terminen de puntualizar la oferta que harán al gobierno cubano desde su posición actual de sartén por el mango, que según trascendidos sería más economicista que la esperada por las bases trumpistas, fórmula que, sin embargo, sí tomaría en cuenta los intereses pragmáticos del decisivo sector empresarial cubano-americano e implicaría a mediano plazo un golpe fuerte, quizá demoledor, a la opción socialista en Cuba.
Desde el punto de vista cubano:
– Estaría por ver si el gobierno cubano hace una contraoferta (hipótesis sin trascendidos en la isla) a fin de sobrepasar el instante actual, sin comprometer la soberanía nacional. O si planta el espíritu de Numancia o de la quema de Bayamo antes de entregarla a los españoles, como marca la propaganda oficial a lo interno del país y demandan sus bases. De aplicarse esta última variante habrá que esperar bombardeos de castigo -no desembarco ni ocupación-, hasta volver al punto de partida de una negociación, aún sin comenzar.
Ni Trump ni su secretario están en condiciones de esperar más tiempo, incluso si la guerra en Irán va más allá de lo que previó el Pentágono, por el poderío militar con que cuentan los persas, que nada tiene que ver con la limitada capacidad de respuesta cubana a los golpes aéreos.


Deja un comentario