Identidad de los conflictos (III)

 Jorge Gómez Barata/La Habana
Obviamente, cuando se requiere de una negociación politica entre estados es porque existen conflictos, diferencias y agravios. En tales casos, las relaciones personales entre los líderes implicados, simpatías y antipatías, antecedentes, y otros factores análogos, aunque pueden influir, no suelen ser decisivos. Exagerar esos significados es poco profesional, como también lo son las provocaciones verbales y los excesos retóricos que estorban cualquier negociación.  
Temo que tal cosa pueda ocurrir respecto a las conversaciones en curso entre representantes de Estados Unidos y Cuba, asunto en torno al cual la incontinencia verbal de algunos altos cargos de la administración Trump, incluido el mismo que además al hablar si bien informan, también provocan.
De los 13 presidentes de Estados Unidos que han lidiado con la Revolución cubana, tres de ellos, John F. Kennedy, James Carter y Barack Obama, aunque en función de los intereses de su país y los deberes de sus cargos, han gestionado el conflicto con Cuba y, en los límites de lo posible, han alcanzado resultados mutuamente positivos.
John F. Kennedy, el segundo en la lista de los que han interactuado con la Revolución Cubana, fue el que más daño hizo a Cuba y, paradójicamente el que, de modo más constante, determinado y fino, se esforzó por solucionar el diferendo; también fue el menos retórico y probablemente, el mejor habilitado para ser interlocutor de Fidel Castro con quien tenía en común la caballerosidad,  la juventud y el haberse educado en colegios católicos.
Con la venia de JFK, en abril de 1961 se realizó la invasión por Bahía de Cochinos que incluyó bombardeos a La Habana y Santiago de Cuba y desembarcos navales. Tras la derrota, en su mandato, la CIA puso en marcha la Operación Mangosta (1961), la más vasta, extensa e integral campaña contra la Revolución cubana que incluyó sabotajes y acciones terroristas, planes para asesinar a Fidel Castro y que fue operativamente conducida por los más altos niveles de la CIA.
En 1962, Kennedy fue uno de los protagonistas de la Crisis de los Misiles en Cuba, aunque entonces, frente a los halcones de su equipo de gestión de crisis que aconsejaban el bombardeo a las instalaciones coheteriles soviéticas y la invasión a la Isla, cerró filas con los moderados y apostó por el bloqueo naval y la diplomacia, desplegando activas negociaciones con la Unión Soviética. Aquel mismo año, estableció el bloqueo económico a Cuba que dura todavía.
A pesar de la humillación que significó la derrota en Bahía de Cochinos, el presidente Kennedy no actuó con espíritu de revancha o venganza lo cual, posiblemente se debió a la necesidad de responder a la actitud de Fidel Castro para tratar sobre la devolución de unos 1200 invasores, lo cual constituyó la primera negociación entre Estados Unidos y Cuba después de la Revolución. La disposición de ambos mandatarios condujo a buen término una ejemplar operación humanitaria.  
 
En aquel proceso, James Donovan, abogado estadounidense del Comité de Familiares de los detenidos, que a propósito de su misión estuvo en contacto con Fidel Castro, comentó con sus superiores la impresión de haber captado cierta disposición de Fidel para mejorar las relaciones con Estados Unidos.
En 1963, Gordon Chase, asistente de McGeorge Bundy, Asesor de Seguridad nacional de Kennedy, comentó que: “Aunque todos estaban preocupados por solucionar el problema cubano, hasta ese momento sólo habían tratado de resolverlo a través de “maldades abiertas y encubiertas”, obviando la otra cara de la moneda: “atraer suavemente a Castro hacia nosotros”. “Si… la “dulce aproximación a Cuba” tenía resultados, los beneficios para Estados Unidos serían sustanciales.
En abril de 1963, se abrió otro canal para gestionar acercamientos entre Kennedy y su administración con Cuba por intermedio de Lisa Howard, reportera de ABC que tramitó una entrevista con Fidel e informó del interés del líder de la Revolución de intercambiar con la administración Kennedy.
En septiembre de 1963, Lisa Howard que, según contó, se había reunido con Fidel durante 8 horas, comentó con William Attwood, funcionario de la misión de Estados Unidos en las Naciones Unidas, que el comandante le había expresado disposición para establecer algún tipo de comunicación con el gobierno de Estados Unidos. Lo cual desató intensas gestiones en ambos países en ese empeño.
Durante 1963 las opciones para resolver el “problema cubano” estuvieron en el centro de atención del presidente cuya última acción fue pedir al periodista francés Jean Daniel que se reuniera con Fidel en Cuba.
En vida de Kennedy, al menos media docena de altos funcionarios de Estados Unidos y un número igual de cubanos y amigos como Lisa Howard y Jean Daniel, asistieron a los presidentes Fidel Castro y JFK en aquellas gestiones constructivas interrumpidas por el magnicidio del 22 de noviembre de 1963.
Elier Ramírez Cañedo, joven intelectual cubano ha contado que James Carter fue el único de los presidentes de Estados Unidos que ha expresado por escrito, a través de una directiva presidencial, la voluntad de avanzar en un proceso de “normalización de las relaciones con Cuba”, incluso haber trasladado a Fidel Castro la disposición para sostener contactos directos. Durante su mandato se establecieron diversos canales extraoficiales de comunicación y se realizaron, entre otros acuerdos la apertura de las secciones de intereses en Washington y La Habana. El éxodo por el puerto de Mariel y la presencia de tropas cubanas en Angola contribuyeron a enturbiar aquel ambiente.
La derrota electoral de James Carter, que tuvo un intenso intercambio epistolar con Fidel, en las elecciones de 1980 y otros eventos desafortunados en su administración echaron por tierra los esfuerzos para normalizar las relaciones con Cuba.
Por ser más reciente y por haber aportado resultados tangibles, las gestiones de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama son más conocidas. Los avances en esa etapa, principalmente el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el viaje del presidente Obama a la Habana son las bases para futuros entendimientos. Por el bien de los pueblos: ¡Que así sea y sea rápido! Allá nos vemos.
(Tomado del diario ¡Por esto! )

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