Manuel Juan Somoza/La Habana
Esta vez fueron unas 28 horas sin alcanzar a ver más allá de la nariz por otro colapso del sistema electro-energético nacional (he perdido la cuenta). El bloqueo petrolero acentúa sin contemplación alguna la asfixia de los cubanos y cada quien, como puede, insiste en seguir viviendo.
Las imágenes de mi barrio en el oeste de La Habana no fueron exclusivas. A preservar en el congelador los alimentos de que se dispongan -muchas veces acudiendo al vecino que logró hacerse de una planta generadora o algún panel solar-; a rellenar con agua cuanto recipiente se tenga a mano -también fallará ese servicio-; a hacer café con lo que quede de gas -amarga suerte tienen quienes viven obligados a cocinar con leña-; y a ahorrar todo lo que se pueda, desde el ánimo, hasta el farol que cargamos el día anterior con las 10 horas de corriente que tuvimos.
Así transcurre la cotidianidad, y es tan lacerante que hasta duele narrarla, pero hay que hacerlo, pienso yo, para que más allá se tenga una idea ligera de lo que implica el ahogo petrolero decretado por Donald Trump; especie de macabro ultimátum a fin de que el gobierno nacional acepte sus condiciones para, entonces, “salvarnos” la vida o , de lo contrario, borrarnos del mapa.
¿Hasta cuándo resistiremos mientras se repite aquello de los diálogos realizados “recientemente” con EU y de las negociaciones que está por ver si llegarán a realizarse? No tengo la menor idea.
En tanto, el cansancio acumulado hace que el ánimo suba y baje, y decanta posiciones entre quienes insisten en no rendirse, aquellos que ya en desespero absoluto suponen que “cualquier cosa que venga podría ser mejor” y algunos que promueven protestas callejeras y se tiran fotos a fin de subirlas a FB con la intención de que los tengan en cuenta los del Norte.
Y al tiempo que eso y mucho más ocurre en la isla, Trump -dueño absoluto de la narrativa sobre el tema-, habla y habla.
“Cuba también quiere hacer un acuerdo (…) muy pronto, o llegaremos a un acuerdo, o haremos lo que tengamos que hacer (…) estamos hablando con Cuba, pero vamos a hacer Irán primero”, dijo desde el Air Force One y al bajarse del avión, horas después, añadió otro matiz al solicitar la sustitución o destitución del presidente Díaz-Canel, reflotando la fórmula impuesta a Venezuela el 3 de enero, quizá sin bombardeos ni secuestro.
De esta manera van las cosas por aquí, cuando oficialmente se han dado más posibilidades a los cubanos residentes en el exterior con vistas a que puedan invertir en la economía nacional, disposición algo tardía que, a mi entender, llevará tiempo que trascienda lo formal.


Deja un comentario