Sobre las recientes decisiones para la economía nacional: ver los árboles, ver el bosque

Foto: EFE/Ernesto Mastrascusa.

Por mucho tiempo hemos argumentado y promovido la necesidad de una reforma económica integral y profunda de ese modelo a partir del criterio de que el actual está agotado y debe ser sustituido integralmente. 

Julio Carranza

Con el presente texto pretendo hacer un comentario breve sobre las recientes medidas anunciadas por el gobierno como cambios necesarios al actual modelo económico de Cuba.

Se han añadido varias decisiones con el propósito de contribuir a una salida de la actual crisis económica que vive el país, agravada por la mayor presión ejercida por el actual gobierno de EE.UU., ahora mucho más allá del bloqueo, amenazas militares incluidas.

Está vez se afirma con mayor claridad la necesidad de cambios en el actual modelo económico, el que, a pesar de haber tenido transformaciones importantes, como la existencia de un emergente sector privado y otras, en su esencia continua siendo el mismo bajo el cual ha operado la economía cubana durante las últimas décadas.

Por mucho tiempo hemos argumentado y promovido la necesidad de una reforma económica integral y profunda de ese modelo a partir del criterio de que el actual está agotado y debe ser sustituido integralmente. 

En este diagnóstico de la obsolescencia del actual modelo económico hay muchos economistas que estamos de acuerdo, pero ya no hay la misma coincidencia cuando se define a que modelo económico se debería transitar, en nuestra opinión —lo hemos explicado muchas veces—, a un modelo socialista con diversas formas de propiedad (con prevalencia de la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción); mecanismos de mercados integrados y regulados y sustitución de la planificación burocrática por una planificación estratégica, políticas sociales e inclusivas fuertes y eficientes. Todo ello con la mayor participación democrática de los trabajadores y de la población en general. 

Otros, en cambio, consideran la transición a una economía de mercado netamente capitalista, como la que existe en cualquiera de las repúblicas de nuestra región, con todo lo que eso implica en términos de fuertes exclusiones sociales y pérdida de soberanía. En esto último no hay mucha imaginación ni un desafío que valga la pena ser asumido, por más que se le quiera tapar con lenguaje complejo y galimatías técnicos. 

En realidad sería la restauración de un modelo económico que hace más de seis décadas el país abandonó y que finalmente resultaría en un desastre social y político, bueno para algunos pocos y malo para muchos.

Insistimos en defender un tránsito hacia un modelo nuevo, pero muy distante a la restauración capitalista que el posibilismo dócil suele promover. Consideramos el horizonte de un modelo que, sin la pretensión igualitaria y la ineficiencia insostenible, mantenga la justicia social, la soberanía nacional, así cómo el desarrollo económico y democrático como sus columnas inclaudicables. 

Claro que esto no solo hay que declararlo como una aspiración abstracta. Además hay que demostrar su viabilidad real, económica, política, social y técnica. A construir esa propuesta muchos economista hemos dedicado numerosas páginas y largos debates. Hemos afirmado muchas veces, y acaso viene repetirlo, que el socialismo no es la supresión del mercado ni tampoco de la propiedad privada, es las supresión de la hegemonía del capital. Las actuales experiencias del socialismo en países de Asia han demostrado, a su modo, esta realidad.

Recientemente, ha aparecido que la apertura económica en Cuba sería un factor en una potencial negociación con los EE.UU., es importante aclarar que la postergada reforma económica profunda e integral en Cuba es una necesidad de la nación en las actuales condiciones nacionales e internacionales y esto desde hace ya más de tres décadas. No debe ser ninguna imposición en una mesa de negociaciones. 

Si el avance de ese proceso beneficia el diálogo o la negociación misma o una mejor relación con el exterior pues excelente; pero que no resultado de una imposición que siempre sería dañina para la nación. 

Todo se puede dialogar desde la soberanía y la claridad de conceptos. Ese ha sido un principio en la historia de Cuba desde aquella histórica lección bajo los mangos de Baraguá.

Ahora vienen a sumarse algunas nuevas medidas tomadas por el gobierno nacional y es sobre estas que hacemos esta reflexión breve, una vez concluida esta introducción necesaria.

Si se miran las diferentes dimensiones incluidas en las recientes medidas se puede encontrar validez en cada una de ellas. El problema vuelve a ser la falta de integralidad y la ausencia de un programa claro de transformaciones que de lugar a un proceso eficaz que conduzca la economía al modelo nuevo que está necesita. 

En textos anteriores hemos dado nuestro criterio de por qué el plan que se presentó para superar las distorsiones e impulsar la economía, ahora rebautizado y enriquecido, no es, ni en arquitectura ni en alcance, el programa necesario para la transformación integral.

Entre las nuevas medidas se incluye, sin haberse informado mucho detalle, otorgar mayor autonomía a las empresas estatales, cuando lo que se necesita es una reforma profunda de las empresas estatales, no para que dejen de ser públicas sino para que dejen de ser ineficientes. 

Para eso es necesaria la aprobación de una nueva ley de empresas, pendiente de ser presentada al parlamento hace más de dos años, para que se establezcan de manera transparente y legal, los espacios, facultades y formas de operación de estas entidades, incluida su integración a los mercados, el cambio en el carácter de la actual planificación burocrática y el cese de la subordinación a los organismos centrales, así como la solución de la llamada contradicción principal-agente, a través del establecimiento y adecuado funcionamiento de las juntas de gobierno. (De “administración” la llamábamos en nuestro libro de 1995). 

La ley es necesaria, sin dudas, pero su mera existencia no garantiza el cambio, como se ha dicho sobre otras leyes ya vigentes que no han dado lugar a la transformación que se pretende. 

Más allá de la aprobación de la ley, se debería avanzar en esa transformación de la empresa estatal, nuestro criterio al respecto está en varios textos que a la vista están, entre ellos en coautoria con Luis Gutiérrez el artículo “La reforma de la empresa estatal en Cuba” publicado en la revista Ekotemas de la ANEC.

También se ha incluido, ya legalmente aprobado, nuevas formas de asociación del sector estatal y el sector privado, una de ellas es la creación de empresas mixtas, sociedad de responsabilidad limitada, seguramente menos atractiva en general para el sector privado en las condiciones actuales, debido a que podría perder autonomía en la operación de sus recursos y la posibilidad de ser absorbidas por el socio estatal. Pero seguramente útil para alguna empresas privadas que necesitan acceso a medios de producción mayores, créditos en divisas y mejor conexión a determinados mercados internacionales.

La otra forma es el Contrato de Asociación Económica, esta posibilidad probablemente será más atractiva debido a que no da lugar a una nueva personalidad jurídica y no afecta los márgenes de independencia de la empresa, puesto que se asocian temporalmente para un propósito específico de mutua conveniencia, pudiendo operar un fondo de capital compartido solo a esos fines.

La existencia con respaldo legal de estos nuevos espacios para la gestión empresarial es sin dudas positivo, sin embargo, no podrían funcionar en toda su potencialidad si no operan en un marco de mercados trasparentes, integrados y regulados que deben ser resultado de la reforma integral sobre la cual insistimos.

O sea, a pesar de limitado y con insuficiencias que se deben analizar, es este un paso importante que puede ser bien aprovechado por el sector privado para su mayor consolidación y operacionalidad. Hay que observar cómo evoluciona. También eso estaba explícitamente incluido en nuestro libro de 1995. 

Ahora bien, si la expectativa de algunos es que esto sea un camino a la apertura de un proceso generalizado de privatizaciones y si no hay eso no hay nada, pues no lo es ni debería serlo, ni es lo que muchos hemos defendido y argumentado.

Otra importante referencia en las medidas recién aprobadas es la insistencia en aumentar la producción nacional de alimentos, lo cual debe ser, sin dudas, una prioridad. 

En diversas ocasiones se han aprobado medidas para favorecer la producción de agropecuaria, que viene cayendo sistemáticamente desde 2019. Sin embargo, más allá de la validez parcial de muchas de esas medidas, lo que necesita el subsistema de producción agropecuaria es una reforma profunda, lo cual incluye desde las formas y el alcance de la propiedad y el uso de la tierra, hasta la comercialización, la autonomía del sector privado y cooperativo, el mayor acceso a créditos y tecnologías, hasta —y muy importante—, un aumento significativo de la inversión en esa actividad que ha estado por años en torno al 3 % del total.

Otra cuestión importante, ya tratada en otras ocasiones y reforzada en las recientes decisiones, es el mayor peso y reconocimiento de los municipios en la actividad económica y social del país, a través de una mayor descentralización de facultades y recursos. Visto de manera general es este también un importante paso en la dirección correcta.

Sin embargo, el problema de la reforma no se soluciona ni con mucho con la descentralización municipal, por importante que esta sea. La dimensión nacional es absolutamente imprescindible, es esencial: la coherencia, la secuencia, las políticas, los equilibrios, la construcción de los mercados, las tasas monetarias, la banca, las inversiones centrales, las leyes, las regulaciones, la infraestructura, etc. 

Un país no es la suma de sus municipios, por demás bastante diferentes entre ellos. Pero aunque no lo fueran, el problema no se reduce a eso. La descentralización municipal solo será efectiva en un contexto general de reformas y además luego de crear las condiciones en los municipios para que operen bien —recursos, instrumental, cuadros e incentivos—. Nada de eso existe hoy a ese nivel.

Por otra parte, es cierto que la descentralización de más poder y recursos a los municipios contribuye a reforzar la democracia puesto que acerca más las decisiones al ciudadano común. Esto es fundamental, pero no se trata solamente de un problema de más o menos democracia, aunque también. Puede haber un  poder central autoritario y también uno democrático, eso es otra discusión. Insisto en que la descentralización municipal es muy importante, pero si la reforma necesaria se reduce esencialmente a eso se podría estar en camino a otro fracaso. El problema es integral.

El Gobierno central no puede descargar las responsabilidades que le son propias. Eso sería hasta peligroso. Nos hemos referido más arriba: la estrategia de desarrollo del país debe tener una clara visión y coordinación nacional. 

Por otra parte, hoy día la dotación de cuadros en los municipios es limitada, no hay meritocracia, en muchos casos hay incapacidad, corruptelas, vacíos y serias deficiencias administrativas. Eso arrojan también las investigaciones al respecto. 

Hay que armar a los municipios en serio y descentralizar bien, a la vez que conducir con certeza la reforma nacional. A los municipios lo que ha de ser de los municipios, no menos, no más. Al gobierno central lo que ha de ser del gobierno central, no más, no menos. El país es el todo. 

La adecuada determinación de esas proporciones es parte fundamental de la reforma. La economía nacional es un sistema complejo y de complementaciones. Esa perspectiva no se debería perder de vista en ningún caso.

Un punto también referido recientemente, al cual no me voy a referir en detalles 

porque excede con mucho el ámbito de la economía, es el redimensionamiento del Estado, lo cual es sin dudas una necesidad para un país de recursos limitados y bajo agresión. 

Un Estado más operativo, más ágil y menos costoso es necesario en los tiempos actuales. Sin embargo, el enfoque en este caso también ha de ser más integral y profundo; más que un redimensionamiento del Estado, una reforma general del Estado. Considero que la actual Constitución ofrece los marcos necesarios para realizarla.

Resumiendo, las nuevas medidas aprobadas recientemente para la economía nacional, en general contienen pasos positivos, pero, desde nuestro punto de vista aún insuficientes. Podemos ubicar en dos columnas lo que se ha expresado y lo que debería ser:

Cambios al modelo económico.Tránsito integral a un modelo nuevo.
Mayor autonomía empresarial.Profunda reforma empresarial.
Mayor producción nacional de alimentos.Profunda reforma del subsistema de producción agropecuaria.
Mayor alianza estatal no estatal.Construir mercados regulados y transparentes que integren a toda la economía y diversos actores económicos.
Municipalización.Municipalización en un contexto de reforma general y estrategia nacional de desarrollo.
Redimensionamiento del Estado.Reforma del Estado.

La nación está en un momento determinante y bajo fuerte agresión y mayores amenazas. Avanzar bien y de manera integral es una cuestión de seguridad nacional, lo mismo en un escenario de confrontación como de negociación. 

Por supuesto que hay prioridades en medio de esta situación —alimentación, salud, energía, educación— que requieren atenciones específicas, pero la transformación estratégica e integral, como única ruta para encontrar una salida promisoria a la actual situación, no se debe abandonar nunca. Ver los árboles, pero ver el bosque, el tiempo corre, ahora de manera más veloz en un mundo de vértigo. Pensar globalmente y actuar localmente.

(Tomado de OnCuba)

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