LA PÉSIMA COSTUMBRE DE EQUIVOCARSE DE BLANCO

Manuel Juan Somoza/La Habana

Vuelvo a la lacerante cotidianidad cubana tras 32 horas de apagón en mi barrio, al oeste de La Habana, por otra caída del Sistema Electro-Energético Nacional (SEN), que está contra la pared a causa del bloqueo petrolero impuesto.

Retomo mis labores profesionales después de igual tiempo de incomunicación TOTAL -nacional e internacionalmente- y mientras trato de ponerme al día a la mayor velocidad posible, me llama la atención un comentario de Abel Tablada y las reacciones generadas.

En un análisis subido a su cuenta en FB, él hace una radiografía de realidades adversas que en su opinión arrastra la enseñanza superior, a partir de sus vivencias de profesor en la CUJAE, al tiempo que reconoce el impacto en ese ámbito de la guerra no declarada, pero persistente del Norte, y adelanta sugerencias en cuanto a cómo podría sobrepasarse la situación actual.

Punto de vista tan válido, a mi entender, como el que pudieran esgrimir aquellos que desde la misma CUJAE ven de manera menos alarmante la realidad universitaria.

Después leí los comentarios de varios colegas solidarizándose con Tablada, creí entender que sus opiniones en FB habían motivado la suspensión de su contrato como profesor universitario, y acto seguido supe de la ponzoña hacia él de los adoradores de Trump y de su secretario de Estado, empachándose con ese odio visceral que los define.

Esto es lo que he entendido de un nuevo embrollo en las redes e inevitablemente recordé el comentario que solía hacer mi colega Victorio Copa sobre los periodistas cubanos que trabajamos en medios extranjeros: “Los de allá nos ven como agentes del G-2 y los de aquí como miembros de la CIA. ¡LE RONCA! ”.

No conozco personalmente a Abel Tablada, pero sigo sus comentarios en FB y sus puntos de vista sobre las aristas más incómodas del acontecer nacional -esas que se callan por el falso y cómodo concepto de “no hacerle el juego al enemigo”-. Y no tengo que compartir todos sus enfoques para respetar a este académico

Seguiré hurgando en el nuevo caso, pero sospecho que la unidad que urge a fin de mantener la soberanía conquistada puede estar siendo agujereada desde adentro, invocando una pureza ideológica que quizá solo exista en los manuales.

No le sirvan en bandeja, una vez más, a los francotiradores de allá y de aquí. La unidad que requiere nuestra Patria cercada NUNCA será la de la falsa unanimidad de la mano levantada como signo de aprobación, aunque se piense y después hasta se comente bajito lo contrario. Eso, en el menos hiriente de los casos, ES COBARDÍA.

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