Abel Tablada y las expulsiones en Cuba

Imagen generada con inteligencia artificial

Por Darío Alejandro Escobar

Se ha sabido a través de las redes sociales que Abel Tablada, arquitecto y profesor titular de la Universidad Tecnológica de La Habana (CUJAE) fue separado de sus funciones docentes por sus opiniones políticas. 

Desde que se dio a conocer la noticia, varios de sus estudiantes, colegas, conocidos y lectores de sus textos en redes se han pronunciado para reclamar por algo que es una gran injusticia contra un profesional a todas luces brillante y decente. 

La historia de las separaciones y expulsiones por dogmatismo en las universidades cubanas no es corta. Tiene varias décadas. Contrario a lo que se pudiera pensar, las universidades en general son espacios conservadores en sus funcionamientos institucionales. Sus rutinas son casi decimonónicas y en muchos casos las leyes no escritas tienden a la conservación de prácticas no siempre emancipadoras. En los tiempos de mis padres y abuelos expulsaban por motivos religiosos, por tener preferencias sexuales no heteronormativas o por expresar desacuerdos con el sistema político. 

Aunque, por suerte, siempre hubo profesores que trataron de romper esos esquemas a través de la docencia, en actividades de extensión e incluso hubo casos que se volvieron prácticamente familia de muchos de sus estudiantes en una etapa crucial para la vida de los jóvenes. 

Hace unos días fue expulsado también del Instituto Superior de Arte (ISA) el dramaturgo y profesor Roberto Viñas, también por sus opiniones políticas. Puede ser que estas dos expulsiones sean casualidades, pero en Cuba hay muy pocas casualidades en política. ¿Se estará tratando de volver a una etapa aún más represiva en las libertades civiles de la nación? 

Yo no conozco personalmente a Abel Tablada, ni a Roberto Viñas, pero de ambos he leído muy buenos textos cuestionadores de la sociedad en que viven. En unos aspectos estoy de acuerdo y en otros no tanto, pero son dos de los pensadores cubanos que, entre otros intelectuales críticos, ayudan a pensar la sociedad contemporánea y sus múltiples desafíos. 

Me alegraba que fuesen profesores universitarios porque esto significaba que enseñaban a pensar a sus estudiantes con cabeza propia, no de forma unilateral en un mundo tan dañado por ese tipo de pensamiento. Ese pensamiento unilateral es muchas veces el que hace a esos mismos estudiantes irse a la extrema derecha cuando cambian de contexto, porque cuando te acostumbras a repetir, en vez de a cuestionar, sustituir un dogma por otro es lo más fácil. Ahora parece que ya no podrán continuar educando en el aula, y tendrán que seguir su ministerio en otros formatos o lares, y con esto no solo pierde la institución que los expulsa, perdemos todos los que creemos que un país próspero se construye desde la pluralidad de voces honestas y decentes. 

El tema de las sanciones y expulsiones de la universidad y otras instituciones lo conozco muy bien. Demasiado bien. Estuve a punto de ser expulsado de la universidad varias veces mientras estudiaba Periodismo en la Facultad de Comunicación y después, ya como licenciado, fui separado de la dirección de la revista Somos Jóvenes y después expulsado de la revista El Caimán Barbudo por orientación de los órganos políticos que dirigen a la prensa estatal. 

En la universidad no me lograron expulsar porque tuve, además del apoyo irrestricto de la Federación de Estudiantes Universitarios de mi facultad, también la brillante gestión de dos decanos que supieron gestionar muy bien los entresijos políticos de la institución para que no me sacaran de la escuela. Y sé de muy buena tinta que se emplearon a fondo ambos para que no sucediera. Incluso uno de ellos fue mi tutor de la tesis de grado. A ambos les agradezco con el alma. Soy un profesional gracias a ellos y a varios de mis mejores profesores. 

Después en la vida profesional las cosas no fueron igual. Aunque tuve el apoyo absoluto de mis jefes inmediatos en las revistas en las que trabajé, las sanciones venían del Olimpo, como se dice en tono tragicómico, cuando la orientación viene de la dirección de las organizaciones políticas. Incluso el director de El Caimán Barbudo de aquel momento, Fidel Díaz Pérez, renunció a su cargo después de 20 años de ejercicio cuando me expulsaron y me prohibieron volver a la Editorial Abril por cuatro años. 

Yo no era un estudiante de derecha, no fui y no soy un periodista con opiniones políticas de derecha. Pero siempre fui muy inquieto, respondón, a veces irónico y me gustaba hacer las preguntas más complicadas e investigar temas complejos a nivel periodístico. También tengo un defecto a los ojos de los burócratas dogmáticos: respeto todas las opiniones que no vulneren los derechos de los demás, coincidan o no con las mías. 

Han pasado algunos años y las aguas han cogido su nivel, pero el dolor por lo que pudo ser y no fue no se me ha quitado nunca. Hubiera estado toda la vida en esas revistas escribiendo, si por mí hubiera sido. La burocracia cubana no quiso. 

Ahora leo que muchos estudiantes, e incluso la FEU, exigen que Abel Tablada sea reintegrado a sus funciones. Leo tanta gente en las redes que lo apoyan y reclaman para que se rectifique la decisión de separarlo de la docencia, y no dejo de preguntarme cuándo acabarán estas decisiones tan torpes y que tanto daño hacen a los profesionales cubanos. 

Cuba está en uno de los momentos más graves de su historia. La sociedad cubana necesita unión, concordia, tolerancia, respeto, libertad y prosperidad. Todos los esfuerzos que se hagan para mantener y conseguir mayores cuotas de esas virtudes serán pocas. Todo esfuerzo que se haga en contra de ese objetivo debe rectificarse. Es incluso suicida, desde el punto de vista político, para un gobierno que ha visto mermar parte del apoyo popular con que contaba, dejar que algo así suceda. Un mínimo análisis desde el sentido común deja claro que es nefasto agregar más enemigos de los usuales, que son muy poderosos. 

Por este tipo de noticias es que muchos de quienes honestamente no queremos ver destruirse lo poco que queda de ese proyecto humanista que fue la Revolución decimos que Cuba necesita un diálogo nacional. No se puede seguir gobernando en el siglo XXI como se gobernaba en el XX. Tenemos que ser mejores. Los jóvenes se están yendo de Cuba, varias de las mejores mentes están saliendo de la Isla y los pocos que se quedan y tienen inquietudes los expulsan. ¿A quién le beneficia algo así? 

Por mi parte espero que la dirección de la CUJAE rectifique y posicione de nuevo al profesor Abel Tablada en su claustro. Cuba lo necesita. Espero que el ISA rectifique y le ofrezca a Roberto Viñas volver al claustro. Cuba lo necesita. Pero si así no fuera, si eso no ocurriese, espero que sigan escribiendo, pensando, investigando, aportando tanto o más como lo han hecho hasta ahora porque la verdad es que Cuba, o sea, nosotros los necesitamos. 

Ojalá no se amarguen ni se cansen. Ojalá se haga justicia. Ojalá.  

(Tomado de La Joven Cuba)

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