La civilización es transaccional


  Jorge Gómez Barata/La Habana
En todas las esferas y escenarios, las transacciones son la esencia de la convivencia pacífica. Se trata de la disposición para dialogar constantemente, dar y recibir, aspirar y renunciar; cosa a la que suelen llamar negociaciones, posibles únicamente cuando se reconoce y  se respeta el derecho de los demás, único modo de esperar o reclamar reciprocidad.
La humanidad, gregaria por excelencia, revela la certeza de la otredad, que es admitir como un hecho feliz, que los otros existen, lo cual fue convertido por Benito Juárez, benemérito de México y de las Américas en un principio existencial universal: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.  
Tanto entre las personas como entre los estados los conflictos son solubles y las guerras evitables. La convivencia es transaccional, no obstante, ante el hecho de que con frecuencia los actores sociales, individuales, incluso al interior de las familias, no logran ponerse de acuerdo pacíficamente, surgió la idea de la mediación de terceros.
Entre los principales mediadores, surgidos para evitar que las comunidades y la humanidad se desangren en luchas estériles, como hechos civilizatorios, aparecieron los estados y el derecho, es decir la ley, consagrados como mediadores por excelencia.
En las sociedades maduras, la conciencia jurídica y el derecho suelen ser acompañados por la ética, la moral y la fe, formas de la conciencia social sin las cuales el poder, tiende a la barbarie entre cuyas expresiones figuran el autoritarismo, la  arbitrariedad, la exclusión, la violencia, los abusos y finalmente la guerra, una aberración civilizatoria que la humanidad no ha logrado conjurar y es constantemente alimentada por falsos profetas que persiguen espurias metas y gobiernan grandes potencias
  En los años cuarenta del pasado siglo XX, a la vez que, salvando enormes diferencias ideológicas y politicas, los líderes de entonces, encabezados por Franklin D. Roosevelt, Iósiv Stalin y Winston Churchill, fraguaron una magnífica alianza capaz de vencer al fascismo, empleando procedimientos democráticos, crearon instrumentos jurídicos que, sin ser perfectos, aseguraron la convivencia y permitieron avanzar hacia la conquista de la paz durante 80 difíciles años.
El principal de aquellos instrumentos que incorporó lo mejor que la humanidad había logrado en materia jurídica, figura la Organización de Naciones Unidas y su Carta constitutiva, respaldada por la firma de todos los países libres existentes. El texto comienza por establecer la igualdad soberana de los estados y su auto determinación, el respeto a la independencia de las naciones, principalmente a su integridad territorial y a sus fronteras reconocidas.
Para que la ley y el derecho internacionales no fueran abstracciones, en su Carta la Organización de las Naciones Unidas, creó el Consejo de Seguridad, principal entidad reguladora mundial, cuyo cometido esencial es el mantenimiento de la paz, tarea encomendada a los Cinco Miembros permanentes que en los  momentos fundacionales eran, y todavía son, los estados más poderosos y respetados del mundo.
A Estados Unidos, la Unión Soviética (ahora Rusia que heredó sus derechos), Reino Unido, Francia y China se les encargó la suprema tarea de mantener la paz. Lamentablemente, en lugar de hacerlo, algunas se han ido a la guerra entre ellas o amenazan con hacerlo.
La tarea de hacer que estas potencias, a las cuales pudieran sumarse otras, retomen sus responsabilidades es harto difícil y no aparece alguien capaz de lograrlo. Fidel Castro, un consagrado estadista y líder revolucionario ya fallecido, declaró que: “Los líderes aparecen cuando se les necesita”. Ojalá ocurra. Allá nos vemos.
(Tomado del diario ¡Por esto!)

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