Jorge Gómez Barata/La Habana
Repugna y aterra el modo como Donald Trump y Benjamín Netanyahu resuelven los problemas internacionales. Tanto la muerte violenta, extrajudicial e infame del ayatola Ali Jamenei, como el abyecto apaleamiento de Muamar al Gadafi, no se trataron de justicia, sino de burdos ajustes de cuentas y de venganzas. Cuando actos así son realizados por quienes dicen creer en el imperio de la ley y el debido proceso, las nociones del derecho y la justicia son pisoteadas hasta la deshonra.
Según trascendidos, Alí Jamenei fue ultimado durante un bombardeo a sus oficinas donde permaneció trabajando, a pesar de haber sido advertido de que iban por él. Según The New York Times, el clérigo chiita fue vigilado por la CIA durante meses, lo cual permitió establecer su ubicación en cada momento. Así, informó a la aviación las coordenadas de donde se encontraba reunido con otros altos cargos para evaluar la respuesta ante los ataques israelo-americanos.
Jamenei fue el segundo de los líderes supremos, sucesor de Ruhollah Jomeini, que en la ola de los levantamientos populares que en 1979 derrocaron al sha Mohammad Reza Pahlavi, cuyo reinado pro estadounidenses se había tornado nefasto, asumió el liderazgo espiritual de la nación y, en una singular coyuntura, confirió a las élites religiosas, una singular primacía politica.
La operación para matar al ayatola contó con la colaboración de la CIA que según The New York Times, lo sometió a una constante vigilancia y pudo conocer qué, en ese lugar, a esa hora, se encontraba reunido con otros altos cargos. La otra parte de la tarea estuvo a cargo de la aviación agresora.
El sucesor del ayatola ya ha sido nombrado con carácter provisional hasta que la Asamblea de Expertos de 88 miembros, designe a un nuevo Líder Supremo y, si bien como ocurre en las entidades religiosas ello supone una continuidad, la sucesión abre un compás de espera.
El nuevo Líder Supremo, Ali Reza Arafi (1959), clérigo y político iraní que desde 2019 desempeña altos cargos religiosos que, debido al régimen teocrático imperante en Irán, adquieren connotaciones políticas y jurídicas. Ha sido miembro del Consejo de Guardianes, de la Asamblea de Expertos (de la fe) y del Consejo de Liderazgo, jefe de los seminarios, de Irán, Imán de la oración del viernes. Fue presidente de la Universidad Internacional de Al-Mustafá
Además de religión, estudió inglés matemáticas y filosofía. Considera que el islam puede equipararse, incluso imponerse al pensamiento político occidental cuyas deficiencias morales y espirituales suele describir. Es crítico de otras religiones, especialmente del cristianismo y el catolicismo. Ha publicado unos 20 libros.
No recuerdo una acción punitiva de las dimensiones de la iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán en la madrugada del 28 de febrero, cuando, según el presidente Donald Trump comenzó una acción masiva y progresiva destinada a aniquilar totalmente las capacidades nucleares de Irán, arruinar su industria de producción de misiles y su armada.
Lo más importante, para los atacantes es suprimir el régimen existente en el estado persa, para lo cual se lleva a cabo la persecución de los principales elementos de la jerarquía religiosa, estatal y militar.
Para estos fines, Estados Unidos e Israel han desplegado un poder de fuego no visto desde la II Guerra Mundial, encabezado por tres portaaviones y sus grupos de batalla que, en conjunto disponen de más de 200 aviones a los cuales se suman unos 600 misiles Tomahawk.
A ello habría que añadir unos 300 aparatos desplegados en sus 19 bases en la región y otros 300 aviones de combate que aporta Israel. Aunque se descarta el empleo de tropas terrestres, Estados Unidos dispone de unos 50.000 efectivos.
En el momento mismo de iniciar las acciones, Trump llamó a la oposición iraní a tomar el poder. “Ha comenzado, dijo en un video dirigido al pueblo iraní, una importante operación militar contra Irán…El momento de vuestra libertad está cerca”.
En la primera oleada de misiles, en un bombardeo de precisión, fueron batidos blancos en el centro de Teherán y los barrios donde residían, entre otros elementos de las elites, el máximo dirigente Ali Jamenei. Como parte del operativo fueron impactado, el palacio presidencial y la sede de otras instituciones. Simultáneamente, Estados Unidos e Israel bombardearon Isfahán, Qom, Karaj y Kermanshah y otra docena de ciudades, incluyendo a presuntas bases de Hamas y Hezbollah, además de Jerusalén y Beirut.
La respuesta iraní que no se hizo esperar, además blancos en Israel, incluye bases militares e instalaciones estadounidenses en ocho países de la región.
El futuro político de Irán y su inserción en el concierto de las naciones que, aunque con enormes disparidades, forman la comunidad internacional, dependerá no sólo del modo como termine una guerra preventiva, basada en supuestos y conjeturas, no iniciada por Irán sino de Estados Unidos e Israel que fueron quienes jalaron el gatillo.
Una cosa es obvia, la agresión debe cesar e Irán deberá decidir por sí mismo, cuál es su camino y su destino. Allá nos vemos.
(Tomado del diario !Por esto!)


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