¿Sendero “chino” para el cambio pausado de statu quo en Cuba?

Un plan Obama 2.0 con esteroides.

Pedro Monreal

Cuando el gobierno de EE.UU dice que el statu quo de Cuba “no tiene que cambiar de un día para otro” desliza una narrativa de intenciones no solamente dirigida a su “contraparte” oficial, sino también a los ciudadanos cubanos y a los aliados internacionales de ambos países.

La declaración es la pieza que completa un relato: estrangular el suministro de combustible a corto plazo (con mínimos resquicios), presentar objetivos a largo plazo, advertir riesgos de un posible desacuerdo, y anunciar disposición a negociar con “realismo”.

Comparte con el plan Obama el plazo dilatado para un eventual cambio político en Cuba resultante del rejuego de premios y penitencias. La gran diferencia es que modifica notablemente la secuencia del proceso: un gran garrote como punto de partida.

El cambio desfavorable del escenario internacional para Cuba, principalmente la desconexión estratégica con Venezuela y la reacción cautelosa de Rusia y China, facilitó utilizar el petróleo como un punto de estrangulamiento muy robusto que ofrece superioridad negociadora.

Aquí introduzco una conjetura: la aceptación estadounidense de un cambio parsimonioso en el statu quo de Cuba que incluye crear espacios de libertad política en “algún momento”, pudiera indicar no solamente que se ha “contactado”, sino que se ha pre-negociado.

Es problemática la hipótesis de la aceptación magnánima por parte de EE.UU de una de las principales “líneas rojas” de un gobierno cubano con amplia desventaja inicial. ¿Qué pieza pudiera haber “sacrificado” el gobierno cubano? Probablemente el modelo económico.

El PCC y el gobierno cubano son los mejores informados sobre el irreparable fracaso del modelo económico basado en la planificación centralizada. Es un vestigio Brezhneviano que funciona como ornamento ideológico. Que no se reconozca abiertamente es otra cosa.

Una posible interpretación de la avenencia de EE.UU a que el statu quo de Cuba “no tiene que cambiar de un día para otro” es la conformidad con una eventual reforma organizada por el Partido Comunista de Cuba (PCC), probablemente del tipo China/ Vietnam.

Liquidar la planificación centralizada en Cuba no entraña un reto técnico mayor. Es un problema político. Una vez que se levante la “veda política”, saldrán reformistas por todas partes, incluso de insospechados nichos del aparato ideológico.

Cualquier reforma en Cuba basada en la conservación esencial del actual régimen político como “línea roja” para implementar cambios que rebasen el usual “perfeccionamiento”, deberá hacer “gestos” que la presenten como autoritarismo desarrollista, aunque no se diga abiertamente.

La reforma económica es esencialmente un evento político en lo interno y hacia el exterior. La posibilidad de que EE.UU acepte en Cuba un autoritarismo desarrollista de mercado tipo China/ Vietnam parece ser la clave, pero requeriría enmiendas constitucionales en Cuba.

No sería creíble una reforma económica de calado que no eliminase de la Constitución de Cuba aquello de que “la planificación socialista constituye el componente central del sistema de dirección del desarrollo económico y social” (artículo 19).

Tampoco sería verosímil una reforma sustantiva que coexistiera con el precepto constitucional de que el “sistema de economía socialista” tiene como una de sus bases “la dirección planificada de la economía” (artículo 18).

Preservar fundamentos constitucionales que blinden la planificación centralizada es incompatible con la imagen de reforma sustancial que debe presentar el PCC, también EE.UU y quizás otros actores, de un modelo económico cubano “reformado” del tipo China/Vietnam.

Si avanzara el escenario de un statu quo que no tiene que cambiar súbitamente porque el régimen político emprendería una reforma de mercado tipo China/Vietnam, aunque le inventen otro término, entonces habría que organizar un congreso del PCC en 2026.

No soy experto legal, pero entiendo que para validar cualquier modificación constitucional significativa sobre la planificación socialista se necesitaría un referéndum. El problema es que eso pudiera ser una caja de Pandora, ¿bastaría con eliminar la planificación?

Realizar un congreso del PCC con antelación a una reforma constitucional es importante porque esta requeriría la aprobación previa del PCC, definido en la Constitución como “fuerza política dirigente superior”, un punto que eventualmente no tendría que modificarse, al menos ahora.

Obviamente, pudiera intentar avanzarse más rápidamente mediante alguna variante semántica para disimular el alcance de la liquidación de la planificación centralizada, pero no es predecible la reacción política interna frente a posibles malabarismos de ese tipo.

Finalmente, aunque la variante China/Vietnam (con características “propias” cubanas, etc.) pudiera ser favorecida, no hay nada que garantice su éxito. Bastaría con revisar las tres propuestas de reformas (Abalkin- Ryzhkov, Shatalin- Yavlinsky, y Aganbegyan) de la convulsa etapa final de la URSS.

(Tomado de El Substack de Pedro)

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