El cambio de modelo económico en Cuba no debe percibirse como intromisión extranjera.

Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña…

Pedro Monreal

El cambio de modelo económico debería ser un tema crucial de los “asuntos internos” de Cuba, pero no es parte de la agenda oficial. El tema emerge ahora como asunto de política exterior y sería nefasto que el requerimiento de cambio se percibiera como intromisión extranjera.

El gobierno cubano no utiliza el término de “reforma estructural” (ni siquiera “reforma” a secas) para designar los cambios profundos, institucionales y de oferta que son necesarios para superar problemas que no pueden ser resueltos en los marcos del modelo de planificación centralizada.

Tampoco se utiliza oficialmente el término de “crisis estructural”, precisamente el tipo de crisis que desde hace tiempo existe en Cuba y que no es simplemente una “policrisis” resultante de shocks externos, distorsiones y mala suerte (“salazón”).

La crisis estructural tampoco se limita a los componentes “duros” (infraestructura, inversiones y obsolescencia tecnológica), sino a bloqueos internos que operan a nivel de relaciones institucionales, de propiedad, regulatorias y de acumulación.

Una crisis estructural no se resuelve dentro del modelo vigente, sino que necesita una transformación o reforma estructural que resulte en un cambio del modelo (conjunto de instituciones, políticas y relaciones que definen la operación de la economía).

En Cuba hay un documento del PCC (“Conceptualización) que define esencialmente el modelo económico actual y otro documento (Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía) que define la política económica.

Ni la “Conceptualización” ni el “Programa de Gobierno” son útiles para diseñar e implementar la necesaria reforma estructural. La “Conceptualización” consagra esencialmente un modelo Brezhneviano y el “Programa” es un paquete de supervivencia.

En principio, un cambio de modelo económico en Cuba pudiera adoptar diversas variantes, incluyendo algunas que serían antagónicas. La reforma económica es un asunto esencialmente político y me limito aquí a considerar solamente parte del espectro posible.

Si se adoptara el supuesto de una “reforma estructural” encabezada por el PCC para reemplazar el modelo, no simplemente para “perfeccionarlo”, son dos los temas que la definirían. Primero, el reemplazo de la planificación centralizada por cálculo económico principalmente basado en precios de mercado.

El segundo componente definitorio sería una expansión sustancial del sector privado, incluyendo empresas “grandes” de capital nacional y desestatización de parte de los activos estatales.

Obviamente, la reforma debería ser “integral”, pero esos dos componentes -precios de mercado y extensión del sector privado- serían los que definirían la radicalidad necesaria para el cambio de modelo. No excluiría acciones reguladoras del Estado.

Asumiendo que el PCC decidiera reemplazar el inoperante modelo actual, habría que contar con un equipo económico competente, pero el actual no fue capaz de diseñar e implementar una reforma mucho menos amplia que fracasó estrepitosamente: el “Ordenamiento”.

El “Ordenamiento” no era un programa abarcador para resolver “problemas estructurales”, sino para preparar condiciones. Esencialmente consistía en una hiper devaluación con metas de inflación controlada que se gestionó de manera incompetente.

Resumiendo: no se conoce intención ni programa oficial alguno para una reforma estructural que reemplace el actual modelo económico de planificación centralizada, ni parece existir tal capacidad en el equipo económico actual. Nada de eso es un tema de política exterior.

(Tomado del substack de Pedro)

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