La seguridad internacional requiere avenencia


    Jorge Gómez Barata/La Habana
La Carta de la ONU con sus formulaciones acerca de la igualdad soberana de los estados, respeto a la independencia y la soberanía nacional, la integridad del territorio, las fronteras establecidas, el Capítulo VII que asegura el mantenimiento de la paz y otros preceptos, entre ellos la existencia y el papel del Consejo de Seguridad y sus miembros permanentes, fueron posible por la existencia de un clima de avenencia, compromiso y colaboración entre los líderes de las grandes potencias. Sin ese requisito no hay acuerdos de seguridad internacional posibles.
A los logros de los años cuarenta, derivados de las experiencias de la ocupación fascista de una parte considerable de Europa y Asia, se suman acuerdos trascendentales como los de Bretton-Woods y el Acuerdo General de Comercio y Aranceles (GATT), así como la creación del Tribunal Internacional de La Haya y la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
     La cláusula de unanimidad derivada del artículo 27 dispone: “Cada miembro del Consejo de Seguridad tendrá un voto. Las decisiones del Consejo de Seguridad sobre cuestiones de procedimiento serán tomadas por el voto afirmativo de nueve miembros (ahora son 15). Las decisiones del Consejo de Seguridad sobre todas las demás cuestiones serán tomadas por el voto afirmativo de nueve miembros (ahora 15), incluyendo los votos afirmativos de todos los miembros permanentes…”
Naturalmente, al requerirse el voto afirmativo de todos los miembros permanentes, el voto negativo de cada uno de ellos, equivale a un veto, palabra que no aparece en la Carta.  
Los promotores de la Carta de la ONU instruyeron a los redactores para conceder al Consejo de Seguridad, especialmente a los cinco miembros permanentes, junto a trascendentales derechos en los asuntos mundiales, incluso atribuciones para el uso de la fuerza (Capítulo VII) y potestad de veto, haciendo que ninguno de ellos puede ser condenado; unido a lo cual los honró con enormes responsabilidades entre ellas el mantenimiento de la paz mundial.
Está descrito que, entre algunos de los 50 países fundadores de la ONU, especialmente los latinoamericanos que fueron 20 (casi la mitad), la idea del veto era profundamente antipática. A su juicio, entre otras cosas, el veto desdice el precepto de “igualdad soberana de los estados”, base de la Carta.
Los países latinoamericanos, consideraron inaceptable que, un conflicto entre países de la región, se saldara por la opinión de Chiang Kai-shek, Stalin o  Truman. Esa desavenencia de fondo y no de forma, se hizo saber a las potencias promotoras de la ONU y de la Carta, las cuales defendieron el veto, al punto de establecer que: “Hay veto o no hay ONU.”
Para salvar la situación por invitación de México todos los países latinoamericanos concurrieron a la Conferencia de Chapultepec (marzo de 1945) donde se trató el asunto en la búsqueda de un arreglo que solucionara la situación, la cual fue saldada con una concesión, según la cual, se crearía una organización regional panamericana que incluyera a Estados Unidos y Canadá, en la cual se ventilarían los asuntos de la región, incluido un tratado de seguridad regional. Así nacieron la OEA y el TIAR.
    Durante la Guerra Fría hubo numerosos desacuerdos entre las grandes potencias, debido entre otras cosas a la rivalidad entre ellas, especialmente entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, así como también con Inglaterra y Francia, también miembros permanentes. Todos, a su arbitrio comenzaron a utilizar a discreción el derecho al veto que ellas mismas se concedieron para auto protegerse, imponer sus desmanes, y amparar a sus aliados. El caso más notorio es el de Israel, protegido por Estados Unidos.
En ese período hubo eventos como la intervención de la Unión Soviética en Hungría , la invasión anglo-francesa-israelí en Egipto con motivo de la nacionalización del canal de Suez, intervenciones de Estados Unidos en Nicaragua, República Dominicana, Panamá, Granada, Haití,  Bahía de Cochinos, irrupción del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia, guerras e intervenciones de las potencias en Afganistán, Libia, Irak e Irán y otros hechos de extraordinaria relevancia en los cuales la ONU se multiplicó por cero.
No obstante, nunca las confrontaciones entre las potencias llegaron a la ruptura y menos a la guerra, cosa que ha ocurrido en Europa donde se enfrentan Rusia y Ucrania y, como parte de la OTAN, Estados Unidos, Reino Unido y Francia, cuatro de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, aunque solidaria con Rusia se mantiene al margen) que ha sido desconocido y anulado.
Obviamente mientras Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, no solucionen  sus contradicciones, lo cual no podrá ocurrir mientras siga la guerra, no podrá restablecerse un régimen de seguridad colectiva internacional, ni contener desmanes como invadir a un país y secuestrar al presidente o prohibir al mundo que suministre combustible a Cuba a sabiendas de que ello dará lugar a una crisis humanitaria en todos los órdenes de la vida.  Allá nos vemos.
(tomado del diario ¡Por esto! )

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