La manzana atómica

 Jorge Gómez Barata/La Habana
Desde que debutó hace 81 años, la bomba atómica es la manzana de la discordia en las relaciones internacionales. Entre 1945 y 1991 protagonizó la Guerra Fría, período en que dieron lugar a la doctrina de la “Destrucción mutua asegurada”, según la cual, en una confrontación nuclear, no habría vencedor.  
El 14 de octubre de 1962, un avión espía norteamericano descubrió la existencia de misiles nucleares en Cuba. El 15 el presidente John F. Kennedy fue informado, el 22 convocó al Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional (ExComm), se dirigió al país para dar a conocer la situación creada y ordenó el nivel máximo de movilización de las fuerzas armadas.
La decisión fue: bloqueo naval total de la Isla para impedir la llegada de materiales militares y negociación con la Unión Soviética que debía ser presionada al máximo para la retirada de los misiles. Si tales medidas no daban el resultado deseado, serían bombardeadas las instalaciones e invadida la Isla. En una operación así, además de las cuantiosas bajas cubanas, perecerían cientos de militares soviéticos que en número de unos 50.000 permanecían en la Isla. Las contramedidas de la URSS podían desencadenar la guerra mundial.
En torno a Cuba se desplegaron 90 buques militares con tropas, tanto para impedir la llegada de buques soviéticos como para participar en un eventual desembarco en la Isla.
La reacción de la URSS y Cuba, fue denunciar las agresiones de Estados Unidos contra Cuba, incluida las amenazas de invasión, reivindicar su derecho poseer tales armas para su defensa, mientras la URSS insistió en la legitimidad y legalidad de su asistencia a Cuba en su defensa. Entonces no existía el Tratado de no Proliferación Nuclear.
La URSS y el Tratado de Varsovia pusieron sus fuerzas armadas, incluidas las tropas coheteriles en completa disposición combativa, mientras en Cuba, Fidel Castro decretó la Alarma de Combate como resultado de lo cual unos 400.000 efectivos fueron puestos sobre las armas.
Mientras representantes de Kennedy, Jrushchov y de Cuba, desplegaron un intenso quehacer en Washington, Moscú y Nueva York, las gestiones de mayor calado con la Unión Soviética fueron realizadas por Robert Kennedy, fiscal general de los Estados Unidos y hermano de JFK. 13 días después, gracias a la actividad diplomática y política, a la sensatez, el sentido de la responsabilidad histórica y los instintos de supervivencia, el peligro fue conjurado. El mundo que estuvo más cerca que nunca de la guerra nuclear, respiró aliviado.
Aunque con menos dramatismo, la cuestión nuclear como motivo de fricción regresó con intensidad renovada cuando, en 1974, como resultado de su hostilidad con Pakistán y China, la India realizó su primer ensayo nuclear sumándose al club atómico. En respuesta Pakistán hizo lo mismo en 1998

Desde los años 50 Corea del Norte declaró sus intenciones de desarrollar el arma nuclear cosa que hizo efectiva en 2006 cuando realizó su primera prueba nuclear. Desde entonces ha realizado seis (2006, 2009, 2013 (2), 2016 y 2017. A la vez ha desplegado un vasto programa de misiles, disponiendo de varios modelos, algunos de largo alcance. Según se cree su arsenal nuclear puede incluir hasta un centenar de ojivas. Las fricciones con Corea del Sur, Japón y Estados Unidos en torno a la cuestión nuclear, son constantes y extremadamente peligrosas.  
Poseedor de un programa nuclear iniciado en 1957 con el apoyo de los Estados Unidos en el marco del programa Átomos para la Paz y firmante del Tratado de no Proliferación Nuclear, aunque reitera que no aspira a poseer armas atómicas, Irán ha dado a su programa nuclear un perfil que lo hace sospechoso de perseguir el objetivo de dotarse de bombas atómicas, sobre todo por la insistencia en enriquecer uranio apto para crear bombas atómicas, cosa rechazada por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, incluidas Rusia y China que en otros ámbitos son sus aliados.
En 2015, Irán firmó con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia y China) el Plan de Acción Integral Conjunto, denominado 5+1 que implicó amplias restricciones y vigilancia sobre sus instalaciones. En 2018 el presidente  Trump se declaró insatisfecho con los términos del acuerdo y se retiró, imponiendo una amplia gama de sanciones debido a la sospecha de que Irán había comenzado a acumular uranio enriquecido.
Las tensiones, alentadas por Israel dieron lugar a la llamada Guerra de doce días que conllevó a que el 22 de junio, Estados Unidos bombardeara las instalaciones nucleares en las cuales presumía que Irán realizaba el enriquecimiento del uranio.
Hoy nuevamente Estados Unidos amenaza de modo categórico a Irán con volver a la carga con su mayor poder destructivo en la búsqueda de que Irán acepte algo cercano al cero en el enriquecimiento de uranio, lo cual hace que la guerra, una guerra que Irán no puede resistir ni  ganar, sea inminente.
Las armas nucleares fueron el asunto de seguridad más relevante entre las consecuencias internacionales del colapso de la Unión Soviética cuando surgió la pregunta de: Qué pasaría con el fabuloso arsenal nuclear que, quedó en manos de Rusia y, en parte se encontraba disperso por varias repúblicas que se convirtieron en estados independientes, entre ellos figuraban Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán.
En el momento de la independencia de Ucrania de la Unión Soviética en 1991, este país contaba con el tercer arsenal nuclear más grande del mundo con al menos 1.900 ojivas estratégicas, 176 misiles balísticos intercontinentales (ICBM) y 44 bombarderos estratégicos.
En occidente, especialmente en Estados Unidos, se creó una enorme preocupación con aquella inesperada y masiva proliferación nuclear y, aprovechando la disposición de Rusia, el presidente William Clinton inició intensas negociaciones para conjurar el peligro que ello significaba.  
 Actuando con inédita buena fe, ingenuamente, llegó a decirse en el parlamento nacional, la Ucrania independiente acató la idea de deshacerse de aquel fabuloso arsenal a cambio sólo de garantías de seguridad. En 1992  junto con Bielorrusia y Kazajistán, Ucrania se adhirió al Protocolo de Lisboa de aquel año para la entrega de las armas nucleares a Rusia. Estados Unidos aportó pequeñas cantidades de dinero para cubrir los costos del desmantelamiento.  
En diciembre de 1994 en la capital de Hungría, los mandatarios de Rusia, Boris Yeltsin, Bill Clinton de Estados Unidos, John Mayor del Reino Unido y Leonid Kuchma de Ucrania, Francia se unió más, tarde firmaron el Memorándum de Budapest sobre Garantías de Seguridad  para Ucrania a cambio de la firma del Tratado de No Proliferación Nuclear. Aquel pacto estableció garantías para Ucrania frente a amenazas o el uso de la fuerza contra su integridad territorial o la independencia política. Así, entre 1994 y 1996, Ucrania cedió a Rusia el tercer mayor arsenal nuclear del mundo, a cambio de garantías de las cinco potencias nucleares.
No obstante, en 2014, en franca violación de lo acordado, Crimea que era parte de Ucrania fue anexada por Rusia y en 2022, como parte de una llamada Operación Militar Especial, con unos 150.000 efectivos, Rusia cruzó las fronteras de Ucrania y avanzó hasta las inmediaciones de Kiev. La guerra se ha prolongado hasta hoy. Según Rusia ha afectado a un millón y medio de ucranianos, un gran número de ellos muertos.
La prolongación de la guerra que ha entrado en su quinto año, el involucramiento de la OTAN, incluidos los Estados Unidos y las exigencias de Rusia que aspira a quedarse con aproximadamente el 20 por ciento del territorio de Ucrania, han hecho imposible el fin de una guerra en la cual, en no pocas oportunidades, de parte y parte, se ha mencionado el probable empleo de armas nucleares.
El tema se ha relanzado a partir de informes de la inteligencia rusa acerca de que Inglaterra y Francia, líderes de la coalición de los “dispuestos”, estaría fraguando el dotar a Kiev con armas nucleares, lo cual es para Rusia una línea roja y un peligro de dimensiones globales. Otra vez, ahora en dos frentes, Irán y Ucrania, las guerras y las armas nucleares, en lugar de la paz y la colaboración, vuelven a ser protagonistas. Allá nos vemos.  

(Tomado del diario !Por esto! )

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