El imperio muda la piel

    Jorge Gómez Barata/La Habana
Tal vez, Delcy Rodríguez y la cúpula chavista que la secunda, estén tratando de escribir derecho con letras jorobadas. Al imperialismo norteamericano de hoy parece no importarle si son chavista o rosacruces. Hoy la ideología importa menos que tiempos atrás. Lo que no pueden ser es nacionalistas ni marxista. Los nacionalistas aspiran a controlar las riquezas nacionales y los otros tienden a la estatización, no sólo de la economía sino de la  actividad social en su conjunto.
Es pronto para conocer si el giro experimentado por la táctica del imperialismo expresada en Venezuela donde se ha realizado una intervención militar fugaz y un tratamiento blando, es una improvisación o una orientación política pensada para aplicación global. Algunos creen que aprendieron de la experiencia de Irak donde, innecesariamente desarticularon el estado e inhabilitaron a sus entidades y recursos, cosa que los obligó a administrar el país, lo cual resultó inviable y sumamente costoso.
La idea de asegurar los fines estratégicos y dejar lo demás en manos vernáculas suficientemente asistidas, puede no ser una mala idea.
La creencia de que Estados Unidos realiza operaciones de la escala de la emprendida en Venezuela para apoderarse del crudo presente en el subsuelo que puede ser adquirido con dólares, como se hizo siempre, puede no ser exacta. A todos los países que poseen petróleo y gas en cantidades que rebasan sus necesidades a largo plazo, incluso Rusia, les interesa extraerlo y venderlo. El interés de la super potencia, no es económico ni comercial de corto plazo, sino político y estratégico.
Lo que trata Estados Unidos es de asegurar que los vacíos que deja cuando, por errores suyos, en el tratamiento con líderes que impulsan proyectos políticos que constituyen innovaciones, al ser hostigados, se apartan y establecen compromisos políticos, alianzas militares y lazos de dependencia económica y tecnológicas, con potencias rivales, como Rusia y China, se constituyen en peligros para su hegemonía, incluso para su seguridad. Por eso ahora no se trata de las empresas petroleras, sino del estado americano.  
Es un hecho que la temprana hostilidad de los Estados Unidos contra la Revolución cubana, y la tentación a resolver por medios militares un fenómeno de naturaleza esencialmente política, empujó a la Isla a la órbita soviética que no dejó pasar la oportunidad para, aprovechando el prestigio y la popularidad de la Isla, su posición a 90 millas de Estados Unidos y el liderazgo de Fidel Castro, debutó en espacios que le estaban vedados.
Tiempo atrás, cuando se debatió la idea de programar el pago de las deudas de Cuba con la Unión Soviética, que fueron heredadas por Rusia, mi posición fue que Cuba no debía nada, si acaso le debían a ella.    
En el caso de Venezuela, no se ha tratado de actuar para solucionar un fenómeno inmediato que amenazaba con crecer, y sacar una piedra del zapato, sino de aplicar una profilaxis política con efectos sobre Panamá y Perú y, según se ha advertido, será aplicable a cualquier otro país.
Tal vez, ante circunstancias que no pueden cambiar, los Rodríguez a quienes se les permite sobrevivir para que sean ellos mismos quienes, sin ocupación militar ni imposiciones visibles, aunque monitoreados, poden su programa político, puedan conservar la raíz, salvar lo que pueda ser salvado, incluso crear condiciones para reverdecer. Tal vez esa pudiera ser una enseñanza que sirva a quienes sostienen otros proyectos.
Obviamente se trata de un momento nefasto en el cual, como un manto, la presencia imperialista condiciona la independencia que hasta ahora había permitido el accionar contestatario a lo cual no hay que renunciar, sino moderar. Maniobrar es la habilidad más apreciada, no sólo en los militares, sino también en los políticos, incluso en los revolucionarios.
A decir verdad, si el imperio cambia la táctica, es posible que haya que introducir cambios en el enfrentamiento. Una vez, ponderando la necesidad de maniobrar a tiempo, Fidel Castro declaró que: “Al valor no debe faltarle inteligencia ni a la inteligencia valor”.

Cuando carecen de respuestas, los periodistas exponen las dudas para contribuir a la construcción colectiva de los cursos de acción. Ellos pueden equivocarse, quienes no pueden son los que tienen en sus manos el destino de millones. Allá nos vemos.

(Tomado del diario Por esto.)

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