Manuel Juan Somoza/La Habana
Despertamos a las cinco y media de la mañana con el apagón al mando, tras un domingo bendecido por la luz mañana, tarde y noche. La primera colada del día (todavía nos queda café) la preparo con el apoyo de un farolito recargable comprado hace muchos años en Ciudad de México.
Siete y 25 de la mañana, reponen el servicio eléctrico gracias a la inversión millonaria en paneles solares realizada el año anterior, lo que permite mantener la electricidad en partes de las mañanas y las tardes, quizá el único plan gubernamental que está dando un resultado palpable.
Vivian por su lado y yo por el otro corremos a fin de recargar móviles y todo lo recargable, nunca se sabe cuando volverán las tinieblas, y hago la primera revisión de los mensajes recibidos por WA y FB, hasta detenerme en uno del maestro de periodistas Sergio Berrocal, quien me informa desde su “isla africana” que compró mi última novela en Amazon por 20 euros.
Anoto que debo comentarle esto a mi editorial porque en ruthtienda.com “Conmoción en La Catedral” cuesta 6.99 euros (69 pesos en Cuba), y sigo en el corre-corre matutino hasta llegar a la infaltable práctica de Taichi en el parque Kohly.
Registro 18 grados celsius en el parque mientras nos cargamos de energía a fin de continuar la jornada, al tiempo que desde arriba el sol mantiene su pugna con las nubes, que terminarán imponiéndose.
De regreso a casa, compramos en el comercio privado de la esquina un litro de aceite de cocina en mil 800 pesos, cuando los precios topados por el estado se mantienen en 990 (es sabido que esa regulación no pasa de ser otro eufemismo) .
Los comercios privados están sosteniendo la comercialización de alimentos, pero los precios se mantienen al alza e inalcanzables para muchas cubanas y cubanos.
Aun así, estamos entre los dichosos, sabedores de que no somos mayoría. Todavía tenemos luz, café y un litro de aceite, y trabajamos a distancia: Vivian terminando la edición de un documento bien complejo, y yo revisando lo reportado dentro y fuera de la isla en las últimas horas, con la intención de contarles después (sobre todo a quienes viven lejos) un pedazo de esa cotidianidad en tiempo de asedio que estremece a todos los cubanos, con mayor o menor intensidad.


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