Manuel Juan Somoza/La Habana
Tras medio siglo ejerciendo el periodismo dentro y fuera de Cuba, y cargando 80 años de vida, del catolicismo a la Revolución, comentaré algunos tópicos del convulso acontecer nacional, estén de acuerdo o no quienes lean.
Salvarnos de la agonía en la que vivimos en la isla se ha puesto de moda en el Norte. Donald Trump y Marco Rubio han estrenado un discurso (que el país cambie su economía para bien de sus habitantes) que cala en los muchos o pocos cubanos -no cuento con estadísticas al respecto- hartos de cocinar con leña y de que el salario o las pensiones le alcancen apenas para mal cubrir una semana, sin ver futuro para ellos y sus hijos.
Y detrás del presidente y del secretario cuentan los que dicen sin poder de decisión alguno. Pero dicen y repiten NO por gusto -María Elvira, el Giménez, Otaola y otros- sino para satisfacer a sus financistas y a sus bases políticas, allá.
LOS QUE DICEN Y NO DECIDEN
Desde mi perspectiva, a esos señores hay que dejarlos a un lado a la hora de evaluar realidades, NO consignas, aunque insten a los cubanos de Miami a suspender sus ayudas en alimentos y medicinas a los familiares y amigos que tienen en la isla para , según aseguran, contribuir al bien mayor de “acabar con los (horrendos) comunistas”.
Los que hablan, repiten y no cuentan están por todas partes aquí o allá. Entonces, para estar lo mejor preparado posible a fin de ponerle cara a lo que venga, hay que centrarse en quienes SÍ tienen la sartén por el mango.
TRUMP Y SU SECRETARIO
Me cuento entre los pocos o muchos -tampoco tengo porcentajes con base en la sociología – convencidos de que los mandantes en Cuba han perdido demasiado tiempo en hacer EFECTIVOS Y SOSTENIBLES los cambios económicos, políticos y estructurales que pide a gritos la Nación, desde mucho antes de que Estados Unidos acentuara su guerra económica hasta alcanzar los extremos de hoy.
No obstante, ni a Trump ni a Rubio -por razones diferentes- les importa la suerte de la mayoría de las cubanas y cubanos residente en la isla, aunque nos vendan lo contrario bien envuelto. Esa es la primera capa de la cebolla.
Rubio no ha puesto un pie en este país, ni tiene la menor idea de a qué hora mataron a Lola. Él quiere ser presidente, SÏ, pero de la Unión Americana y hacia una de sus fuentes financieras (cubano-americanos pudientes) y sus bases de votantes va dirigida esa combinación de bravuconada y deseos de cambios económicos.
JAMÁS se podría esperar de este señor nacido allá y entrenado en la política estadounidense algo que beneficie a la mayoría de los cubanos y respete la soberanía nacional.
Trump es otra cosa. Sabe que sus tiempos en la Casa Blanca no dan para más, es un hombre transaccional que, empujado por Rubio o no, ha puesto a la isla entre las prioridades estratégicas de la Unión, probablemente porque ve alguna posibilidad de ganancias en el níquel, el cobalto, el azúcar, o en las producciones de la biotecnología y la industria farmacéutica cubanas, lo mucho o poco que tiene este país. Datos no oficiales cifran en 60 mil millones de dólares lo necesario para COMENZAR a recomponer a Cuba..
Pero a Trump, al igual que a su secretario, pese a discrepar de los hastiados por cocinar con leña, nosotros le importamos menos que un comino.
LA ALTERNATIVA
Así las cosas, después de ir pelando esa cebolla que nos venden, la única salida que queda, a mi entender, está en las entrañas de Cuba con la suma de TODOS los que pongan a la Patria por delante, NUNCA con los nuevos rayadillos; estén donde estén esas cubanas y cubanos, crean o no en el socialismo, al menos como se sigue entendiendo y aplicando aquí.
Desafortunadamente, Cuba seguirá muy lejos de Dios y demasiado cerca de Estados Unidos.


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