Jorge Gómez Barata/La Habana
Si como sugieren algunos observadores, fuera cierto que la administración de Donald Trump, en parte ha desistido de la idea de promover un cambio de régimen en Cuba y está dispuesta a avanzar en la normalización de los vínculos económicos, comerciales y financieros, sin empeñarse en exigencias políticas e ideológicas inmediatas, la Isla habría puesto el partido una a cero a su favor.
Según John S. Kavulich, Trump ha creado una puerta diplomática hacia Cuba al aceptar negociar con las autoridades en ejercicio cambios de políticas económicas y entornos jurídicos que permitan avanzar en modificaciones estructurales en la economía cubana que faciliten la participación de empresas estadounidenses de diferentes perfiles, (industriales, agrícolas, financieras, bancarias, jurídicas y mediáticas) en un país que continuará regido por el actual gobierno.
Así lo sugiere John S. Kavulich, un estadounidense bien enterado de los entresijos de la economía cubana en lo que respecta a los vínculos y diferendos con Estados Unidos y sus empresas, fundador y presidente del Consejo de Comercio y Economía Estados Unidos-Cuba, constituido por él mismo en 1994 con sede en Nueva York.
El Consejo Comercial y Económico entre Estados Unidos y Cuba, es una organización sin fines de lucro, no partidista, establecida en 1994 y con sede en la ciudad de Nueva York. De hecho, es la organización empresarial más amplia dentro de los Estados Unidos que se centra en asuntos cubanos.
Se trata de una entidad que funciona hace más de 30 años como corporación privada, sin fines de lucro, que no opera con fondos de gobierno alguno, constituye una plataforma que proporciona a la comunidad empresarial norteamericana atenta a Cuba información y análisis sobre temas de su interés. A la firma se encuentran asociadas varias decenas de grandes empresas interesadas en la normalización de los vínculos económicos entre la isla y los Estados Unidos.
El currículo y desempeño respecto a la Isla donde tiene diversas relaciones y contactos, aunque no hacen de Kavulich un gurú, lo han convertido en alguien que sabe lo que dice y por qué lo dice.
En esa línea, Rafael Rojas, historiador y periodista cubano emigrado, opositor al gobierno de La Habana, en entrevista con el diario La Tercera de Chile, sostuvo que: “Debido a que el presidente Donald Trump es una persona puramente transaccional que busca los acuerdos…el gobierno cubano podría sacar ventajas”. Una de las claves, insiste,, radica en que la jerarquía cubana recupere la iniciativa reformista que alentó años atrás, con lo cual podría salir fortalecido.
Precisar las confusas consignas de la continuidad mediante las cuales, además de mantener antiguas posiciones, también se reciclan errores y se reiteran preceptos que constituyen lastres, sería un ejercicio positivo.
En artículos anteriores he sostenido la idea de que las negociaciones y las gestiones del año 2014 lideradas por Raúl Castro, fueron asumidas por Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, porque en la coyuntura, el líder cubano que, de antaño sostenía ideas renovadoras, crearon un ambiente propicio para el acercamiento con Estados Unidos. Entonces, de haber encontrado un liderazgo cubano “aferrado a los clásicos”, Obama hubiera seguido su camino.
En la dinámica de la actual situación me he percatado de que, curiosamente, algunas demandas económicas de Estados Unidos, retomadas por Trump, coinciden con necesidades presentes en la realidad cubana y constituyen aspiraciones defendidas por economistas integrados al sistema y por el propio Raúl Castro.
Según refieren estos observadores, “Estados Unidos quisiera que Cuba abriera su mentalidad e introdujera prácticas de mercado, democratizara la gestión, admitiera bajo reglas estándar la presencia del capital norteamericano en la industria, la agricultura y las finanzas de Cuba, y asumiera con mayor soltura la participación de los emigrados en los procesos económicos nacionales”.
Se trata de cuestiones que, por otras razones y empeños, que la Isla necesita y desea; entonces, digo yo: ¿Cuál es el problema?
Cuba además coincide con Estados Unidos en la necesidad de resolver cuestiones pendientes como la amortización o devolución de empresas, tierras y otras propiedades nacionalizadas, así como: seguridad, narcotráfico y migración, algunas de las cuales se han negociado y en torno a las mismas son posibles acuerdos, y pudieran formar parte de un paquete mayor, negociable con la actual administración.
Tal vez, en lugar de esperar para responder a ofertas norteamericanas, el presidente Díaz-Canel pudiera tomar la iniciativa, subir la parada y ofrecer un paquete propio lo cual, en la actividad politica, constituye un plus.
En su momento los equipos negociadores de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama siguieron la lógica de resolver lo que fuera posible, y aplazar lo que no pudieran resolver. La receta no era perfecta, pero fue exitosa. A veces ocurre así. Allá nos vemos.
(Tomado del diario !Por esto!)


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