Fëlix López/Andalucía
Imagínate un cowboy que se quiere tirar a una vecina de su pueblo. Primero la piropea, la mira con cara de malote y le insinúa cosas. La chica pasa de él y sigue su vida. El cowboy es un tipo tóxico y acomplejado. Un machirulo controlador, manipulador y emocionalmente abusivo. Ha decidido que la chica será de él o no será de nadie. Comienza a acosarla. Pasa a las amenazas y está listo para agredirla. La vigila y planea violarla. La chica, preocupada, se pone en guardia. El cowboy cierra el cerco. Hace que todos sus amigos del pueblo la desprecien y le nieguen el saludo, la sonrisa y el empleo. Someterla por miedo y por hambre. Ella no quiere abandonar su casa (su pueblo, su país) y resiste el bullying y el aislamiento. Lo único que tiene es su libertad de elegir. Lo único que no le ha podido quitar el abusador es su independencia. Lo único que la sostiene es la solidaridad de alguna amiga fiel. El cowboy cambia de táctica. La critica, menosprecia sus logros y trata de humillarla con bromas hirientes, chismes de intriga y amenazas que persiguen dañar su confianza en sí misma. La chica ya está agotada, erosionada mentalmente, apagada. Decide denunciarlo. No le creen. A las mujeres bonitas siempre las hacen sentir culpables, provocadoras y putas. El cowboy confía en que su plan generará desgaste, ansiedad, pérdida de identidad y dependencia emocional. Cree que al final de la historia ella será suya o tendrá que suicidarse. La chica se sabe en una carrera de resistencia. Aprendió que a los tóxicos si los tratas como ellos te tratan se ofenden; cuando sus planes fracasan se enfadan; y cuando tus opiniones son diferentes se indignan. El tóxico no cree en órdenes de alejamiento o en reglas de buena vecindad. Por sus santos cojones va a por ella…
Así de tóxica ha sido la “relación” que un grupete de presidentes gringos ha pretendido sostener con Cuba. Y Cuba no es que sea la vecina perfecta, porque está llena de imperfecciones, de problemas personales por resolver, deudas que saldar y promesas por cumplir. Pero nada de ello justifica que deba ser sometida por el vecino tóxico. Así que cada vez que alguien quiera contarte a su manera la historia del cowboy y la chica, recuerda su naturaleza tóxica y toma partido. O te pones del lado del abusador o de la mujer que eligió ser libre.
(Tomado del Facebook del autor)


Deja un comentario