Mujer con un bebé en brazos pidiendo ayuda en una calle de La Habana.
La mendicidad regresa a las calles de Cuba como síntoma de una crisis que ya no se puede ocultar.
Aurelio Pedroso/La Habana
Primeras horas del 2026. Nadie en Cuba y en el resto del mundo imaginaba que, en la madrugada del 3 de enero, el presidente venezolano Nicolás Maduro sería secuestrado y con ello poner punto final al chavismo, con 32 muertos cubanos de su seguridad personal, acontecimiento que provocó una escalada sin precedentes sobre Cuba, haciéndonos cada día más insoportable la existencia y con ella el aumento de la mendicidad.
Flaca, esquelética, joven relativamente, mulata, con una dentadura que pide a gritos urgente atención estomatológica, esta mujer vive y muere paseándose con su criatura de brazos por la acera donde existen varios restaurantes bien concurridos en la zona del Malecón habanero.
“Aquí está todo el tiempo, reclamando una ayuda monetaria” me confiesa el muchacho que recibe a los clientes en el restaurante El Tablazo, célebre en la isla y hasta un poco más allá, en Miami, donde no pocos certifican su excelencia y encomiable relación calidad-precio. “Siento pena por ella y en ocasiones le doy un vaso desechable con agua”, comenta.
Acostumbrado a tantas engañifas, unas tremebundas y otras risibles, me acerco a la pedigüeña, la saludo y pido que me muestre a la criatura envuelta de pies a cabeza en una sábana multicolor porque dudaba no fuera una muñeca o algo por el estilo. Pero no, era real, dormitaba.
Confiesa que vive sola, en pésimas condiciones, que tiene dos hijos más y que su marido la abandonó por otra mujer. Argumento creíble por conocer casos similares de personas que, básicamente, emigran desde provincias hacia la capital cubana.
Y no puedo dejar de recordar ese pasaje protagonizado por la ex ministra de Trabajo y Seguridad Social, que renunció al cargo después de una buena gestión por años en esa cartera cuando en el Parlamento tomó micrófonos para desmentir la mendicidad y asegurar que eran algo así como vagos disfrazados.
Su descubrimiento fue aplaudido con fuerza en esa sección parlamentaria sin oposición ni debate alguno y tan criticada en las redes sociales que no tuvo otra opción que presentar la dimisión.
No dejo de preguntarme si esa criatura, con la llegada de otros años, adulta, viviendo en la Cuba del 2050, le relate a alguien que su madre debía pedir ayuda en plena calle para alimentar a ella y sus hermanos.
Las autoridades temen llamarlo por su nombre. Acuden a términos más edulcorados como “vulnerables”, de “escasos recursos”, “casos sociales” y otros por el estilo. Todo esto, precisamente cuando resulta poco menos que imposible darle efectiva solución al problema en medio de una profunda crisis.
No se requiere de ningún doctorado en Economía ni Ciencias Políticas o especialidades afines para comprender que muy lejos de una situación “compleja” es crítica. Las pensiones y jubilaciones no alcanzan para vivir, medicamentos sólo en bolsa negra, los salarios son insuficientes, la canasta básica es una broma de mal gusto, que hay que pedir lo mismo una remesa que un plato de comida. Un sálvese quien pueda, en resumen.
Los culpables son varios al banquillo. Dentro y fuera de la isla: la polifacética burocracia interna y los afanes de los agricultores de la Casa Blanca por sembrar descontentos. Ambos, unidos por el mismo cordón umbilical.
Salir a la calle parte el alma en varios pedazos…
(Tomado de El Boletín)


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