Una OTAN para América Latina

     Jorge Gómez Barata/La Habana
Estados Unidos no necesita crear una OTAN para América Latina porque ya la tiene. Se trata del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) o Tratado de Río (1947) complemento de la Organización de Estados Americanos (OEA) (1948), los cuales, juntos con la Doctrina Monroe (1823) forman una estructura sobrada para el intervencionismo.
Sobre la base de esas plataformas, para el 11 de febrero de 2026, el actual jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, Dan Caine, el mismo que dirigió la operación Resolución Absoluta contra Venezuela, ha convocado a una cumbre militar de los 34 países del continente adscriptos a esos instrumentos. Cuba no asistirá por no ser parte de la OEA y probablemente también se excluyan a Nicaragua y Venezuela.
Desde su fundación la OEA ha respaldado las alrededor de 200 intervenciones de Estados Unidos en América Latina, mientras que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) o Tratado de Río ha sido invocado al menos en 20 ocasiones, incluyendo en 1984 con motivo de la guerra de Malvinas que no fue aplicado.  
Por qué una OTAN para América Latina
En 1945 en la fundación de la ONU intervinieron 49 países del entonces llamado Mundo libre, es decir todos los estados independientes de la época, menos los  integrantes del eje nazi-fascista (Alemania, Italia y Japón, sus satélites:(Bulgaria, Hungría, Rumania, Eslovaquia, Croacia y el gobierno colaboracionista de Francia). 17 de los fundadores fueron latinoamericanos que, en bloque rechazaron la “cláusula de unanimidad”
La cláusula de unanimidad, conocida como “veto”, fue incluida en la Carta de la ONU para establecer la obligatoriedad de que, para tomar medidas que asociadas a la paz y la seguridad internacionales, especialmente para aplicar el Capítulo VII referido al uso de la fuerza, son necesario los votos afirmativos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad lo cual, en los hechos significa que, cada uno de ellos disfrutará de una capacidad de veto (palabra que no aparece en la Carta)        
Cuando a los Cinco Grandes (Estados Unidos, Unión Soviética, Gran Bretaña, China y Francia se le comunicó la oposición latinoamericana al veto, se explicó que resultaba inaceptable que, un diferendo latinoamericano, fuera zanjado por los votos de Chiang Kai-Cheng, Stalin o cualquier otro gobernante ajeno al hemisferio.
Para zanjar el diferendo, por iniciativa de México fue convocada la Conferencia de Chapultepec, en la cual los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, especialmente Estados Unidos, accedieron a que la región tuviera su propia organización, incluso su propia entidad militar. Así nacieron la OEA, una especie de ONU regional y el TIAR, precursor de la OTAN.
El tiempo demostró que, si bien la OEA pudo desempeñar un papel político en los asuntos regionales, cosa que no ocurrió por su dependencia a los Estados Unidos de quien es incondicional, el pacto militar es totalmente ocioso, incluso contraproducente.
   Como dato curioso suele citarse en hecho de que, en 1948, cuando en Bogotá se efectuaba la IX Conferencia Panamericana, en la cual se acordó la Carta de la OEA, fue asesinado el líder liberal y candidato a la presidencia de Colombia, Jorge Eliécer Gaitán, hecho que desató una virtual rebelión popular que levantó la ciudad y conmocionó al país.
En ese momento, en la ciudad, para participar en un congreso de estudiantes, se encontraba Fidel Castro. El evento juvenil quiso aprovechar el momento de la Conferencia Panamericana para, en presencia de las delegaciones latinoamericanas, especialmente la de Estados Unidos, reclamar la devolución del Canal de Panamá y las islas Malvinas, la independencia de Puerto Rico y repudiar la dictadura de Trujillo en República Dominicana.
Excepto Costa Rica y Panamá todos los países de América Latina poseen fuerzas armadas. Las más numerosas y mejor equipadas son la de Brasil con 376.000 efectivos, lugar número 12º en el mundo y una poderosa industria militar. Le siguen México, Venezuela, Chile y Colombia.
Obviamente en una evaluación integral del potencial militar, no cuenta sólo el número de tropas y la calidad del armamento sino otros factores, entre ellos el entrenamiento y la  experiencia combativa que en el entorno es poca, precisamente porque América Latina es una Zona de Paz, proclamada como tal durante la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)
Antes de eso, en 1967, debido a la activa promoción de la diplomacia mexicana  fue firmado el Tratado de Tlatelolco para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe.
En días recientes con la agresión militar a Venezuela, Estados Unidos hizo recordar otros de los escasos y desafortunados eventos de armas ocurridos en el continente como los de Bahía de Cochinos y Malvinas. Ojalá nunca más ocurra otro. La confrontación militar no es inevitable. Allá nos vemos.
(Tomado del diario ¡Por esto!)     

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