Prosiguen los debates en la plaza sitiada

Manuel Juan Somoza/la Habana

Agradezco los puntos de vista que hacen pensar  -coincida o no con ellos- y esa satisfacción acaba de ocurrir con una respuesta de la colega Milena Recio a la pregunta de si con Trump “se puede conversar y confiar en que resulte”.

Y la reproduzco por si alcanza a llegar a otros de los que hemos decidido mantener prendido El Morro, a fin de explorar ángulos distintos de aquellos con los que nos machacan cada hora desde fuera y desde dentro de esta isla maravillosa, aunque hoy nos falte luz y desconozcamos si mañana habremos sido arrasados, como dice la última amenaza.

Quizá por cargar 80 años en viaje de cabeza a la semilla, para mí, el mando unipersonal fue vital en la década que siguió al triunfo de la Revolución en 1959, desde entonces, nunca hemos vivido sin amenaza a cuesta.

 No obstante, pese a que me resulta imposible fijar fecha -mi amigo Jorge Cubiles decía que “desde que se perdió el perejil” de los mercados- coincido en que se han perdido décadas en la necesidad de “refundar consensos” entre cubanos, sin importar dónde estén. Y hoy toca la amarga cosecha.

Comparto el criterio de que “nuestras debilidades” alimentan la agresividad del Norte, esa que no está a nuestro alcance modificar.

Sin embargo, refundar consensos en estos tiempos de plaza sitiada, cuando además son demasiadas las grietas en el andamiaje político, social y económico vigente, requiere una suma de variantes, incluida la efectividad de un liderazgo que, desde mi perspectiva, aún está por ver y convencer.

Entonces, en los días que corren, me aferro a las ideas del 59 y sigo empujando el maltrecho carro en el que viajamos casi todos, hasta ver si podemos llegar a un claro, en la certeza de que el riesgo es numantino y la soberanía y el buen vivir que merecemos, tras muchos años de lucha, están comprometidos como nunca antes.

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La respuesta de Milena Recio

yo lo que de verdad creo es que con quien primero hay que conversar, no para imponer ni una sola cosa más, sino para refundar consensos sobre cómo vamos a recuperar nuestro país es con el pueblo cubano. Sin más dilaciones y embarajes que solo auspician el mantenimiento de los privilegios de unos pocos. Toda amenaza desde el exterior, y más aún la que proviene de esta Administración (Trump y sus operadores políticos) se potencia a tenor de nuestras debilidades. Que haya cubanos desesperados y ciegos de angustia y odio que estén pidiendo a viva voz intervención militar en Cuba es el summum de la desgracia y la debilidad a la que hemos llegado como pueblo. ¿Qué debemos hacer? ¿Echarnos a llorar? ¿Asumir que irremediablemente hemos perdido la Cuba soberana con la que hemos soñado y para la que hemos trabajado y muerto generaciones? ¿Qué debemos hacer? ¿Asumir un destino numantino? No creo eso. Y da lo mismo quién esté sentado en la Oficina Oval. Hemos desperdiciado décadas poniendo parchecitos y sin encarar los grandes cambios que se debían hacer para que la burocracia enquistada y los poderes unipersonales no nos trajeran hasta aquí. La crisis cubana no empezó el 3 de enero pasado. Es muy complejo. Lo sé. Pero no creo que debamos conformarnos con lo que tenemos en este minuto: sufrimiento y peligro.

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